Jueves, 15 de junio de 2006
Zorrilla, el gran bardo español, escribió hace unos siglos: “Clamé al cielo y no me oyó…”. El prisionero político Carlos Martín Gómez clamó al periódico Gramma, órgano del gobernante partido comunista, y tampoco lo quisieron escuchar.
Martín, miembro del Partido Pro Derechos Humanos afiliado a la Fundación Andrei Sajarov, cumple una condena de 10 años de privación de libertad, bajo el presunto delito de piratería y salida ilegal del país.
El 17 de febrero, desde la celda de castigo No. 9 de la prisión Voisín en Güines, al sur de La Habana, envió una carta al periódico Gramma, denunciando los abusos de la policía política en el penal. En la carta Martín expresaba al principal periódico oficialista que había escrito al Consejo de Estado y que no había recibido respuesta.
En la misiva Martín denunciaba que fue víctima de una golpiza el día 21 de enero por reclamar sus derechos.
Más de 20 guardias del penal junto al jefe de grupo que se hace llamar Gerardo le agredieron con bastones de goma, machetes, escudos antimotines y cinco capsulas de spray pimienta.
Carlos Martín resultó herido por los machetazos en la frente, el pecho, un brazo y una rodilla. Además de golpes por todo el cuerpo también recibió patadas por las costillas y le desprendieron la mandíbula.
Lo llevaron desmayado al hospital de la prisión. Le suturaron todas las heridas producidas por los machetazos. Luego lo enviaron de nuevo a la celda de castigo, sin luz, cama, agua, sin pertenencias y sin aseo personal.
Tirado en el suelo se plantó en huelga de hambre por espacio de 7 días. Estuvo 28 días sin bañarse ni cambiarse de ropa.
El sujeto que se hace llamar Gerardo ha sido llevado dos veces a los tribunales por sus abusos en el penal. Una vez fue por partirle a patadas la cabeza y la clavícula, junto a otros militares, al reo Yoel Rodríguez Pérez, alias “el caballo”. El otro juicio fue por motivos similares.
Carlos cree que su carta al Consejo de Estado no fue bien acogida pues la verdad molesta y quien la dice es tildado de mercenario o traidor.
Desde su celda, Carlos Martín espera ser escuchado por alguien a quien pueda interesar
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | INTERNACIONAL | Comentarios (1) | Referencias (0)
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