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Lunes, 08 de mayo de 2006

¡Viva la Revolución! Zapatero nos conduce a un régimen totalitario en el que le gustaría nacionalizar Endesa

¿Por qué en este país nadie dice las cosas como son? Que si Rodríguez ha actuado con tibieza, que si no puede quejarse porque él no permite la OPA de EON, que si va a seguir ayudando a Bolivia a pesar de la afrenta de su Gobierno... ¡Pues claro! Lo que no se atreve a decir nadie es la verdad, lo que esconde esa tibieza, esa voluntad de seguir colaborando con el Ejecutivo que preside Evo Morales: Rodríguez comparte y defiende ese fundamento populista-marxista que ha llevado a Morales a nacionalizar los yacimientos de Repsol y Petrobras, y a él le hubiera gustado poder hacer lo mismo en España y nacionalizar Endesa en lugar de tener que utilizar el subterfugio de una OPA que le ha causado más quebraderos de cabeza que otra cosa, pero que en el fondo buscaba lo mismo por la vía del control a través de una entidad financiera dependiente del poder político. Rodríguez, Morales, Chávez y Castro son almas gemelas, políticos que entienden el poder como una prolongación de sí mismos, y que por supuesto convierten la democracia y el Estado de Derecho en regímenes personalistas y totalitarios.

La única diferencia entre Rodríguez y sus compañeros populistas-marxistas latinoamericanos es que el primero se ve obligado a actuar en el marco de la Unión Europea, y eso le exige un cierto respeto a las reglas del juego, porque en cuanto se salta a la torera el marco legal, la UE actúa, como ya lo ha hecho, contra nuestro Gobierno que ahora corre el riesgo de que se le abra un expediente por haber vulnerado la legislación vigente, el Estado de Derecho y la propia Democracia alterando las competencias de la Comisión Nacional de la Energía con el fin de torpedear la OPA de E.ON. Pero, como he dicho en alguna ocasión anterior y no me importa hacerlo de nuevo, en el fondo eso no es más que la chavización del poder, el modo dictatorial en que un Gobierno actúa sin ninguna clase de respeto a las reglas del juego democráticas. ¿Sorprendidos? No, es Rodríguez en estado puro, un revolucionario marxista cuya fe en la democracia es más o menos igual a la de Castro, Franco o Pinochet.

Lo digo y lo repito: Rodríguez no es un demócrata, y este es el quid de la cuestión. Aunque, si les soy sincero, nunca he entendido muy bien qué poder de atracción tiene esa ideología destructiva que es el marxismo, y que en todas sus expresiones se ha quedado obsoleta y ha demostrado un permanente fracaso, para que, sin embargo, siga habiendo quienes estén dispuestos a someterse a los dictados de un pensamiento anulador de la voluntad y coartador de los derechos y de las libertades individuales. Rodríguez es el exponente, el estandarte, de un modelo que creíamos fracasado tras la caída del Muro, pero que ha renacido de sus cenizas y amenaza, de nuevo, la libertad. Por eso Rodríguez no puede responder a la afrenta boliviana como se merece, con la retirada de nuestra representación diplomática de aquel país. Imagínense, por un momento, lo que ocurriría si el Gobierno español decidiera nacionalizar, vía decreto-ley, la producción energética –que ya fue de titularidad estatal hasta hace bien poco-, después de que triunfara la OPA de E.ON sobre Endesa. Lo mínimo que haría Berlín sería llamar a consultas a su embajador en España tras considerarlo como una afrenta.

Pero, insisto, Rodríguez no puede responder como debiera a la decisión del Gobierno de Evo Morales porque, en el fondo, comparte las motivaciones del dirigente bolivariano y, si por él fuera, suscribiría junto a Castro y Chávez el apoyo a Morales y contra el imperialismo capitalista. ¡Pues ya está bien de esta mitificación de la izquierda, de esta exaltación a los altares de la libertad de una ideología intimidatoria que, en el mejor de los casos, ha acabado siempre por llevar a sus más fieles seguidores a las orillas del fascismo y a la violencia! La Historia del Siglo XX nos ha demostrado que si bien el capitalismo tiene el defecto inherente del reparto desigual de la riqueza, el beneficio inherente al socialismo es el reparto equitativo de la miseria, como le gustaba expresar a Winston Churchill. Y sobre la base de esa igualación, no solo en la miseria, sino también en la idiotez producto de una educación fundada en el facilismo y en la nivelación por la parte baja de la tabla del conocimiento, esta nueva izquierda revolucionaria, populista y marxista pretende alcanzar el estado puro de la utopía, que no es otro que el mismo de siempre: su permanencia en el poder a costa de la libertad.

Tiene mucho que ver lo que les digo con lo que ha hecho Morales en Bolivia, nacionalizando la producción de petróleo, y con el modo en que han reaccionado Rodríguez y su Gobierno. Mucho porque ambas actuaciones son la expresión de un socialismo, opio de los intelectuales, cuya demagogia ha situado al capitalismo y a su máximo exponente –Estados Unidos- en el mismo lugar que Hitler situó a los judíos. Esta izquierda que ha renacido con renovados afanes revolucionarios busca el máximo control de la sociedad y de los sistemas de producción. Lo hacen, a su manera, los caudillos latinoamericanos, y lo hace, a la suya, Rodríguez en España, y en la medida que más grandes sean los ámbitos de la sociedad ocupados y controlados por el Estado, las probabilidades de que éste sea auténticamente democrático y de que los ciudadanos puedan organizarse en grupos políticos y expresarse con verdadera libertad disminuyen de manera inversamente proporcional. El líder del PP catalán ponía el dedo en la yaga el pasado miércoles, cuando en el Senado denunció la ambición totalitaria del tripartito catalán a cuenta de un Estatuto que es la máxima expresión de la tiranía. ¡Qué pena que algunos inviertan tanto tiempo en criticar a Piqué, en lugar de escucharle! Ese es el lenguaje que debería utilizar el PP para desarmar la mentira del socialismo.

Son tantas las veces que el despotismo se ha instalado en nombre de la libertad que, como escribía Raymond Aron, “la experiencia nos advierte que debemos juzgar a los partidos más por lo que practican que por lo que predican”. Y lo que de verdad practica la izquierda en España es el intervencionismo, la degradación moral -¿cómo quieren que le llame a la posibilidad de que un hombre se registre como mujer sin ni siquiera haberse cambiado de sexo?-, el control de los medios de producción, la censura, la traición al ideal de libertad de la Constitución, el historicismo, la capitulación, el igualitarismo... Todo ello bajo el paraguas de un mito revolucionario –“yo soy un rojo”, “los ideales de la República permanecen vivos”- que no es más que la receta primaria para hacernos llegar a una tiranía totalitaria, a un despotismo disfrazado de buenismo y de supuesto talante. Esta izquierda es capaz de todo para llegar al poder, y es capaz de todo para mantenerse en él una vez logrado. Lo ha demostrado el populismo-marxista de América Latina, y lo está demostrando la izquierda radical de Rodríguez en España. Y no me cansaré de denunciarlo.

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | POLÍTICA EXTERIOR | Comentarios (0) | Referencias (0)

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