Jueves, 02 de marzo de 2006
No puedo explicarles con palabras hasta que punto de infinita amargura me produce la visión del rostro cínico, hipócrita, insolente y descarado de Arnaldo Otegi, sapiente de que ahora tiene la sartén por el mango, de que ha vencido. Y me consta que a él le produce una enorme satisfacción comprobar como los que amamos la Libertad y defendemos la causa de la Justicia nos rasgamos las vestiduras ante el ejercicio de claudicación de un presidente del Gobierno entregando sin condiciones nuestro futuro a una pandilla de asesinos. Porque eso es, exactamente, de lo que va esta historia, lo que oculta el trasfondo de una negociación abierta hace poco más de dos años, antes de que el PP perdiera el poder, cuando ya se producían los primeros contactos entre el mundo de ETA y los enviados de Rodríguez, llámense Eguiguren o Carod Rovira, y se ponían las bases para la rendición del Estado frente a los terroristas.
El pasado miércoles, en la sesión de control al Ejecutivo, Rodríguez se negó a responder a la pregunta directa, calculada, trágica, de Mariano Rajoy: “¿Puede asegurar aquí que no va a pagar un precio político por la paz?”. Me consta que esa tarde había muchas víctimas del terrorismo plantadas delante del televisor o pegadas a la radio para escuchar la respuesta de Rodríguez. Y me consta, también, que la decepción fue enorme. “No podemos permanecer indiferentes ante lo que no es sino una ofensiva conjunta de los nacionalismos identitarios -insaciables- contra la España de ciudadanos libres e iguales, la España en la que compartimos unos mismos derechos y mantenemos generosamente, sin egoismos mezquinos, lazos de solidaridad -ahora cuestionados-“. El jueves por la mañana mi e-mail recibía un correo del Foro de Ermua.
Las víctimas empiezan a movilizarse: “No podemos permanecer impasibles cuando desde la Presidencia del Gobierno se da a entender de forma constate, aunque veladamente, que el Estado y los ciudadanos hemos de claudicar ante las exigencias de ETA para conseguir una falsa paz, una paz que renuncie a la justicia y premie los asesinatos cometidos pagando un precio político en aras de la “normalización”. La noche anterior ETA continuaba su campaña de extorsión con otra bomba y Batasuna, su brazo político e ilegal, convocaba una concentración de repulsa del macrojuicio que se celebra este fin de semana contra el entramado de la banda terrorista sin que actuaran las autoridades para impedirlo.
“No podemos permanecer callados cuando vemos como la ilegalizada Batasuna actúa con total impunidad gracias a la inacción de la Fiscalía General y de los Gobiernos español y vasco, mientras ETA sigue mostrando a bombazos que volverá a asesinar en cuanto le convenga hacerlo, al tiempo que intensifica su campaña de extorsión a los empresarios y profesionales”. En Azkoitia unos cuantos defensores de la Libertad se reunían para homenajear a Pilar Elias, en medio de un mar de lágrimas por la humillación a que están siendo sometidos. Las víctimas no quieren la paz de los vencidos, sino la derrota de sus verdugos. Una aspiración que, hasta ahora, había llenado de esperanza sus almas vacías por la muerte de un ser querido bajo las balas o las bombas de los miserables.
“Frente a las graves amenazas existentes a la libertad y a la unidad de los españoles, los ciudadanos hemos de recuperar el espíritu de rebeldía de Ermua, fraguado en las tristes jornadas de julio de 1997 tras el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, reclamando no menos que la derrota definitiva de ETA. De lo que hagamos hoy, dependerá lo que podamos disfrutar mañana”. ¿Es posible que la sociedad no se de cuenta de lo que está ocurriendo? ¿Es posible que los mismos que, en esas duras jornadas que precedieron al atroz asesinato del concejal de Ermua, inundaron las calles y las plazas de España de velas encendidas y manos blancas, hoy se escuden en la esperanza de una falsa paz para taparse los ojos y los oídos ante el lamento de quienes han sufrido en sus carnes la barbarie?
¿Quieren saber lo que se está negociando? Se lo voy a decir, pero tampoco hace falta ser muy suspicaz. Basta con leer o escuchar lo que dice ese terrorista metido a político de cuarta y emulador de Gerry Adams llamado Otegi: ETA quiere la autodeterminación del País Vasco, la salida de la cárcel de presos con delitos de sangre, y la anexión de Navarra. Y Rodríguez se lo va a dar, entre otras cosas porque sabe que ese es un proceso lento –mesa de partidos y esas fanfarronadas de por medio- que le permite llegar a las próximas elecciones sin atentados sangrientos, y que, por el contrario, un atentado mortal de ETA cualquier día antes de la jornada electoral, sea hoy o dentro de seis meses, se lo lleva por delante definitivamente y lo envía al cuarto oscuro de la Historia, que es donde, por otro lado, debería estar.
Todos los presidentes democráticos negociaron con ETA. Cierto, y esa es la única razón por la que le podríamos aceptar su derecho a intentarlo. Pero nadie negoció nunca con ETA nada más allá del cese de las armas, ni nadie le prometió nunca a ETA nada más allá que cierta flexibilidad en las condiciones penitenciarias de sus presos, ni nadie –ni Suárez, ni González, ni Aznar- hizo concesiones previas como sí ha hecho Rodríguez. A eso es a lo que se refería Aznar cuando afirmaba que si se producia el fin de la violencia, el Estado y las víctimas sabrían ser generosos. Lo de Rodríguez no es generosidad, sino humillación, y para eso nadie le ha otorgado confianza alguna ni cheque en blanco. Les diré algo más. En los próximos meses veremos como se deroga, definitivamente, la Ley de Partidos y Batasuna se presenta a las elecciones municipales y autonómicas del año 2007. Ya lo piden diputadas del PSE agarradas de la mano de las nekanes del PCTV: la izquierda radical siempre vuelve a sus orígenes, para escarnio de demócratas como Nicolás Redondo o Rosa Díez.
¿Para esto tanta muerte? Deberíamos recordar con más frecuencia las imágenes que han causado tanto dolor y tanta destrucción: las de Vic, Zaragoza, Madrid, del Hipercor en Barcelona... Nos hemos olvidado de los que han sufrido, y lo hemos hecho por conveniencia, por adormecimiento, por que es mejor mirar para otro lado... ¿A quién le gusta ver sufrir a los demás, verdad? Será mejor la paz, aunque sea a costa de entregar todo lo que defendimos con las vidas de estos héroes a los que ahora se entierra en el lodo de la ignominia. Y el problema es que esa paz, así lograda, solo traerá malas consecuencias y un futuro negro para nuestro país y para los vascos, sometidos desde ese momento a la dictadura implacable del nacionalismo radical, de la mano de Rodríguez y su ánsia desmedida de poder. No puede haber olvido. Y ahora no puede haber perdón porque ni siquiera lo han pedido, sino que se ríen de nosotros. Solo puede haber Justicia, pero decir esto implica que le tachen al que lo dice de asesino fascista. ¡Qué inmoralidad!
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | TERRORISMO | Comentarios (0) | Referencias (0)
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