Lunes, 02 de enero de 2006
Aquella mañana del 24 de Diciembre el Polo Norte estaba revolucionado, como no podía ser menos. Esa noche Papá Noel debía salir con su trineo tirado por renos en dirección a las chimeneas de todo el mundo con el objeto de dejar a los pies de millones de árboles de Navidad los regalos que los niños del norte, sur, este y oeste de la Tierra le habían pedido en sus cartas. Gracias a las diferencias horarias, Papá Noel tenía un cierto margen de maniobra para satisfacer los deseos de tanto infante que esa noche estaría aquejado de un coyuntural insomnio. ¿Infante? El factor diferencial esa mañana del 24 de Diciembre en el Polo Norte era una carta, una carta distinta, con membrete oficial, que había llegado a última hora a las oficinas de los elfos y que había trastocado la normal sucesión de acontecimientos. A Papá Noel le escribía un adulto, nada menos que el presidente del Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero, y eso no era algo normal en un lugar a donde solo llegaban cartas y dibujos de niños menores de 14 años, así que los elfos fueron raudos al despacho del gordito más afable y pusieron delante de sus narices el sobre con membrete del Palacio de La Moncloa. Papá Noel abrió la carta y se dispuso a leer con relajada sorpresa:
“Querido Santa:
Perdona mi atrevimiento. Ya se que no soy ningún niño, aunque en el fondo de mi alma pienso como ellos y, porqué no decirlo, también me comporto como tal. Déjame, en primer lugar, que te transmita mi admiración. Lo que has hecho resulta increíble. ¡Cómo es posible que un personaje inventado por una marca de refrescos, rellenito, de barba blanca, vestido de rojo y que viaja en un trineo tirado por renos que vuelan y que vive en el Polo Norte rodeado de elfos y sin que nadie le descubra, haya conseguido desbancar de la tradición navideña nada menos que al Hijo de Dios y a los Reyes Magos de Oriente! Eres un genio del márketing, un monstruo de la publicidad, y me gustaría contar con los servicios de tus asesores, si no tienes inconveniente, porque yo estoy trabajando muy intensamente por cambiar algunas cosas en España, -nada del otro mundo: el modelo de Estado, la Constitución, las estructuras sociales, los conceptos básicos, las creencias individuales...- y que parezca que lo hago para bien, y no veas lo que me está costando. Claro que tu eres bueno por naturaleza y a mi ya me han calado ya con eso del ‘talante’.
Pero de verdad que lo hago por el bien común y el bienestar de mis súbditos, perdón, de los ciudadanos –tanto veraneo en el Palacio Real de La Mareta que, claro, algo se pega- a los que aprecio, y por eso no quiero dejar que piensen por sí mismos y tomen decisiones equivocadas. ¡Imagínate que votan a Rajoy! Alguien tiene que ocultarles la realidad de las cosas, porque en caso contrario su vida tranquila y sin sobresaltos se vería alterada por asuntos que ni les van ni les vienen, como la verdad del 11-M y cosas así, cuya única consecuencia sería un shock innecesario. Por ejemplo, tú, ¿cómo has conseguido que la gente se olvide de aquello del Portal de Belén, del pesebre, de la mula y el buey y de lo pobres que eran María y José para dedicarse en cuerpo y alma al consumismo más salvaje que luego purifican enviando sms en los maratones solidarios de la tele? Yo quiero ser así, un ejemplo de caridad de manual populista, un apóstol de la paz y el amor universal, un ángel del buenismo.... y que se lo crean.
Lo que pasa es que hay algunos por ahí que se obstinan en fastidiar este anhelo de paz y amor que me invade. Como el Rajoy ese. Aunque tenga barba, igual que tú, no tiene tus buenos sentimiento: ¡me trata fatal y se mofa de mi! Santa, por favor, tráele carbón estas navidades y un puro que se le atragante, yo te prometo que obligaré, por ley, a que en todos los hogares españoles se sustituya el Portal de Belén por una recreación de tu hábitat del Polo Norte con muchos renos y elfos en lugar de ovejas y pastores. No te preocupes porque Carod Rovira, que también es un gran admirador tuyo, me ha dicho que pone a nuestra disposición a sus muchachos de ERC para que vayan, casa por casa, poniendo multas, que eso lo saben hacer muy bien, y crearemos el Consejo Estatal de Apoyo a Santa Claus que será el organismo encargado de velar por la total desaparición de los Reyes Magos de la tradición navideña, y así no tendrás más competencia desleal de esos desagradecidos que llevaron oro, incienso y mirra a Belén para hacerle la pelota al Niño Jesús y quedarse ellos con el monopolio de los juguetes... ¡Seguro que votan al PP porque a mi nunca me traen nada!
Hoy es Nochebuena, Santa, y estoy triste. Yo quería un Estatuto para Cataluña que les gustara a todos, pero Solbes me está haciendo la puñeta... ¿no puedes hacer algo? ¿Qué tal regalarle otro viajecito por el Caribe, y así me deja a mi solo negociando con Artur? Luego, cuando vuelva, ya estará todo amañado...pero ¡me hacía tanta ilusión ensañarles a Carod y a Pasqual el Estatut limpito y arregladito como una patena...! se lo iba a poner en el abeto que Sonsoles ha adornado con muñequitos tuyos con la cara de Carod y fotos de Puigcercós y Llamazares disfrazados de angelitos a lo largo de cintas cuatribarradas que rodean el árbol, del que cuelgan butifarras y corchos de botellas de cava catalán, ¡a ver si se creen que les va a salir bien el boicot! Yo les he invitado a todos a cenar esta noche –menos a Mariano, que seguro que quiere bendecir la mesa-, y vamos a asar un pavo con la cara de Jiménez Losantos para que Carod se sienta como en su casa, pero no se si van a querer venir... ¡Dicen que me lo estoy creyendo, y que van a recordarme mis promesas!
En fin, querido Santa, que digo yo que si tienes a bien, podías hacer un huequecito en tu agenda de esta noche y traerme el Cranium, ese juego que se ha puesto de moda y con el que todo el mundo brilla y parece que sabe mucho... De verdad, no sabes la falta que me hace, a ver si consigo que Bono se distraiga y deje de pensar en como darme la puñalada por la espalda, que no sabes tu lo complicado que esto de la política. ¡Oye!, y en esos vuelos tuyos, si te encuentras con alguien de por allí Arriba, ¿puedes decirle algo para que los de la COPE dejen de tocarme las narices, algo como que les van a mandar al infierno si no se portan bien? Tu, desde luego, ya podías olvidarte de dejarles regalos a todos esos periodistas que se meten conmigo y que, además, seguro que son leales a Melchor, Gaspar y Baltasar y de ti no quieren saber nada. ¡Anda, y si no, se me ocurre una idea mejor! ¿Qué tal si me voy contigo esta noche a repartir regalos? Así, podría vengarme de Bush, ponerle carbón a Blair, darle un beso en la mejilla al bueno de Chirac mientras duerme, hacerle una pedorreta a Merkel, llevarle unos turrones a Durao y romperle el árbol a Aznar, que no le soporto.. Bueno, si te parece, me lo dices y me pasas a buscar a eso de las once, cuando termine de cenar el pavo con cara de Jiménez Losantos.
Atentamente.”
Papá Noel dejó caer la carta al suelo mientras los elfos entraban en el despacho corriendo al escuchar el grito despavorido de su jefe. Llamaron a los médicos, porque en su desplome, el bueno de Santa se dio un golpe en la cabeza y no se despertaba. La Nochebuena corría peligro y un ángel bajó del Cielo con un frasco de sales que abrieron los ojos del gordito encantador. Papá Noel se irguió despacio, se sentó en su silla, se echó la mano a la cabeza, hizo un gesto de dolor, miró a su alrededor, cogió la carta del suelo, la tiró a la chimenea y dijo:
“¡Ho, ho, ho... Feliz Navidad!”
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
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