Lunes, 12 de diciembre de 2005
Puede ser que algunos –muchos- nos estemos instalando en la trinchera. Puede ser, no lo niego. Puede ser que algunos –muchos-, nos estemos dejando llevar por la pasión. Puede ser. Puede ser que algunos –muchos-, hayamos descendido a la caverna, nos hayamos refugiado en las antípodas de la moderación y la tolerancia, nos hayamos dejado llevar por un patriotismo mal entendido y veamos detrás de cada esquina a un enemigo de España... Puede ser. Es posible. Y, sin embargo, a medida que los hechos se suceden, uno detrás de otro, estoy más convencido de que los que estamos involucrados en la defensa de la libertad, de que quienes creemos en la democracia liberal, en la sociedad abierta, en el Estado de Derecho y en las libertades individuales no podemos mantenernos al margen ni actuar con tibieza frente a la amenaza permanente que el Gobierno de Rodríguez y sus amigos de la izquierda frentepopulista suponen para todo eso que es la esencia de nuestro modelo de convivencia.
Puede ser, por tanto, que me equivoque, pero hoy por hoy los hechos no hacen sino darme la razón y vienen a confirmar ese temor que muchos –millones- tenemos: que la causa de la Libertad está en peligro. Lo que ocurrió el miércoles delante de la sede madrileña de la COPE, como antes lo han sido los ataques verbales a esta emisora, a sus periodistas, a los periodistas de Onda Cero y a los de el diario El Mundo con su director a la cabeza, forman parte de una estrategia de acoso y derribo de la libertad de expresión, de la Libertad en definitiva. Cuentan, además, sus ejecutores con el beneficio a su favor de que esta es una sociedad acomodada, madura, un tanto burguesa, bastante adormecida, y que difícilmente se dejará llevar por la provocación. Eso quiere decir que para ellos será más fácil sacar adelante sus planes sin temor a una reacción social que pueda hacer peligrar la estabilidad política que necesitan. Pero es obvia, cada vez más obvia, la confluencia de intereses de Rodríguez, de ERC, de ETA, del nacionalismo vasco, etcétera, en un proyecto común y desestabilizador.
Y no me paso ni tres, ni un pueblo, ni medio. No hay más que acudir a los discursos de unos y de otros, y a los silencios cómplices de Rodríguez, para ser consciente de que esto no es una broma de mal gusto. O nos invade la sensatez ante lo que está en juego, o no seremos capaces de valorar en toda su dimensión el riesgo que corremos deteniéndonos en asuntos menores. Perdónenme la insistencia, pero para mi si hay algo sagrado para nuestra convivencia, eso es la Libertad. Podemos distraer nuestra atención sobre si el PP necesita cambios –que los necesita-, sobre si Aznar debe o no estar en primera, en segunda o la última fila, sobre si Rajoy tiene o no las manos libres, sobre si sobra tal o cual, o si el mensaje de unos es más radical que el de otros... pero mientras miramos hacia ese lado, por el otro cierran las puertas de la libertad con las cadenas del rencor y del odio. Fíjense en un detalle que les habrá pasado desapercibido, seguramente, pero que es muy significativo. El líder del CiU, Artur Mas -¡cuántas cuentas tendrá que rendir ante los catalanes por sus errores!-, se ha ofrecido al PSC para gobernar en la Generalitat. Pues bien, la respuesta ha sido que primero CiU tiene que renunciar a pactar con el PP para siempre y arrepentirse de sus pecados de antaño por haberlo hecho. Esto, no había pasado nunca en nuestra reciente historia. Nunca.
El Pacto del Tinell está vigente en todo su vigor. Y a ese pacto se quiere sumar ahora Artur Mas. Y ese pacto conlleva acabar con cualquier resquicio de crítica al Gobierno de Rodríguez y sus amigos, y la prensa forma parte importante de ese objetivo. Pero como no quiero que luego me digan que me exalto, me callo el nombre que tiene eso, aunque por mucho menos, por infinitamente menos, al PP se le ha llamado desde fascista, hasta asesino. Miren, yo no quiero hacer de esto motivo de confrontación, ni creo que con estridencias vayamos a conseguir más que con una actitud serena... pero no hablamos de un mal Gobierno, o de una mala política, o de una ley peor que otra. Hablamos de un ataque en toda regla contra la Libertad, contra nuestra libertad, y contra un sistema de representación política basado en la soberanía nacional como máxima expresión de Democracia por encima de cualquier poder y que pretende sustituirse por otro en el que sea la voluntad de las minorías las que decidan los destinos de la mayoría. Y no podemos permitir que lo que ha sido un ejemplo universal de generosidad y de convivencia en libertad se destruya sin más, sin ni siquiera denunciarlo.
Yo, al menos, no quiero hacerlo. Si defender la libertad frente a quienes el otro día se encadenaron ante la sede de la COPE pidiendo su cierre es estar en la caverna, pues lo estaré. Si denunciar la confluencia de intereses entre ETA y ERC es ser un radical aunque esté escrito negro sobre blanco y Joan Tarda defienda públicamente los intereses del entorno de la banda terrorista, pues lo soy. Si afirmar que el Estatuto de Cataluña atenta contra los cimientos de nuestro sistema política y nuestro modelo de convivencia es ir contra la opinión de la mayoría, pues iré. Pero no soy yo el que les niego su derecho a esgrimir sus ideas, son ellos los que pretenden negarnos a los demás el nuestro, y yo no estoy dispuesto a perder mi libertad, una libertad por la que muchos han dado su vida, no lo olvidemos..
Les contaré algo muy hermoso y que para mi es la esencia de lo que somos y de lo que deberíamos querer ser: mientras unos satanizan al PP y pretenden excluirlo y orillarlo al estercolero de la marginación, en el País Vasco hace dos semanas, en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa de Vitoria, el Foro de Ermua hizo entrega del V Premio a la Convivencia José Luis López de Lacalle. Las premiadas fueron la diputada socialista Rosa Díez y la presidenta del PP vasco María San Gil. En el acto se leyeron unas semblanzas de cada unas de ellas. La semblanza de Rosa la leyó Jaime Mayor Oreja. La de María, Nicolás Redondo Terreros. No pude estar, pero ofrezco mi respeto y admiración desde estas líneas a quienes conviven cada día en un entorno de incomprensión y de odio, y lo hacen uniendo sus corazones por encima de ideologías en una causa común, en la causa más maravillosa por la que puede luchar el ser humano: su Libertad. Eso es con lo que quieren acabar Rodríguez Zapatero y su amigos de las cadenas, no lo duden. ¿No creen que merece mucho la pena trabajar para evitarlo? Yo si.
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | POLITICA | Comentarios (1) | Referencias (0)
Acabo de descubrir tu bitácora y he leido un par de articulos. Simplemente escribo para felicitarte y animarte a que sigas asi.
Kamal | 07-01-2006 03:40:25
La Trinchera pretende ser un espacio de libertad para todo el que comparta una visión humanista y liberal de nuestra sociedad, desde el respeto a todas las formas de pensamiento que no pretendan convencer a través de la imposición
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