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Martes, 08 de noviembre de 2005

El poder del móvil contra ‘Zetapé’

En cierta ocasión reciente Sonsoles y Zetapé viajaban en avión recorriendo el continente africano con destino a España. Al pasar por encima de Zimbabwe, Zetapé tiró un par de euros por la ventanilla y volviéndose a su mujer le dijo: “Así haré felices a dos personas”. Un poco más tarde, sobrevolando la República del Congo, tiró cinco euros y, de nuevo, le dijo a Sonsoles: “Así haré felices a cinco personas”. Llegado el avión a Marruecos, Zetapé volvió a abrir la ventanilla y tiró diez euros reiterándole a su esposa: “Así haré felices a diez personas”. Pasado el estrecho y ya en espacio aéreo nacional, Sonsoles le dijo a Zetapé: “¿Cuánto vas a tirar ahora?”. Pero antes de que éste contestara, el piloto se volvió hacia el y le espetó: “¿Por qué no se tira usted y así hace felices a cuarenta y ocho millones de españoles?”.

La anécdota, no real of course, me ha llegado esta semana por sms. Fíjense. Cuando aquel 13-M de 2004 la izquierda utilizó los mensajes a móvil para convocar manifestaciones ilegales ante las sedes del PP en las últimas horas de la jornada de reflexión, aquel famoso “¡pásalo!”, ni se podía imaginar, de verdad, el servicio que el móvil, internet, las nuevas tecnologías en general iban a prestar a la causa de la defensa de la libertad. Pronto se empezaron a enviar mensajes, al principio tímidos, pero a medida que el grado de control de la información ha ido creciendo, el ansia de libertad, la necesidad de traspasar las barreras a la información, ha impulsado una nueva forma de respuesta ciudadana a los excesos del poder.

El móvil no es el único instrumento de rebelión. Internet acoge una auténtica amalgama de páginas web, blogs y bitácoras, foros, etcétera, dedicadas en exclusiva a la crítica al Gobierno socialista. En torno a lo que ya se conoce como el Movimiento Antizetapé se suman centenares de direcciones en la red, algunas ya muy consolidadas como el GrupoRisa, Desdeelexilio, o HLH, o foros como GraciasAznar en Yahoo que supera el centenar de mensajes diarios. Nunca antes se había generado un movimiento espontáneo de oposición semejante. El único precedente conocido fue Aznar.net y Los Genoveses –la página que creó el jefe de gabinete de Caldera- en tiempos del PP, pero estaban muy lejos de la influencia que la oposición a Zetapé ha generado en Internet.

La red de redes, los mensajes a móvil, se han convertido en una fuente inagotable de chistes y toda clase de fraseología política, siempre contra el poder. La necesidad de rebelarse es propia de las sociedades que, de una u otra manera, ven como desde los poderes públicos se intenta coartar el derecho a la réplica, a la discrepancia. Es decir, se busca implantar la autarquía como fórmula de relación social, la consecución inmediata de objetivos que favorezcan la meta final de perpetuación en el cargo, anulando en la medida de lo posible toda posibilidad de crítica al poder y procurando que éste se convierta en una autoridad omnipresente y perdurable en el tiempo.

Y esta no es cosa de la que habremos de reírnos o tomarnos a guasa. Hablamos de supervivencia en libertad. Los acontecimientos que en este país se suceden, en especial desde este verano, no pueden ser considerados cada uno en particular, sino en un todo general que da una pista sobre lo que se nos avecina. Fíjense, sin ir más lejos, en el modo en el que determinados sectores productivos llevan a cabo sus reivindicaciones y como el Gobierno, en lugar de cumplir con su obligación de hacer respetar la ley, se baja los pantalones sistemáticamente permitiendo que, cada vez que cierra un acuerdo con un sector en huelga cediendo a todas las pretensiones de los huelguistas, otro nuevo anuncie que va a “parar España” porque, visto lo visto, sale gratis e, incluso, muy rentable. Pero esta actitud no es fruto de la debilidad, sino que en el fondo es el resultado de ese contrapunto revolucionario que marca toda la acción del Ejecutivo.

El caso es que casi toda la política que emana del gabinete de ideas del Gobierno rezuma intervencionismo, y cada vez se hace más patente la necesidad social de autodefensa. Esta semana, por ejemplo, hemos conocido la intención del Ministerio de la Vivienda de recurrir a las expropiaciones forzosas para evitar que haya pisos vacíos en las ciudades. Cierto que la ministra Trujillo dio marcha atrás después de que el vicepresidente Solbes, el único con dos dedos de frente en el Gabinete, se echara las manos a la cabeza, pero tampoco ha quedado muy claro que esa marcha atrás sea definitiva y, sobre todo, la ministra ha seguido aplaudiendo una medida similar que se quiere llevar a efecto en Cataluña, que se ha convertido en la Comunidad Autónoma vanguardia de este bolchevismo. Y, sino se lo creen, léanse el Estatuto.

El uso de las nuevas tecnologías contra la autoridad forma parte de un estado de ánimo bastante generalizado. Cuando una democracia funciona y no se producen invasiones del poder sobre la sociedad civil, ésta no responde echando mano de mecanismos de autodefensa, sino que se limita a dejar el papel de vigilancia del poder y crítica del Gobierno a los medios de comunicación. Pero cuando los ciudadanos empiezan a tener la impresión de que la información que llega hasta ellos está manipulada, recortada o, porqué no decirlo, es contraria a la verdad, busca otras formas de transmitirse los mensajes. Les contaré el último que recibí el viernes en mi correo electrónico:

Un hombre camina por la calle principal de un pueblecito, cuando se da cuenta que encima de él hay un globo aerostático flotando. Del globo cuelga una canasta, y en la canasta hay un señor, que le hace señas desesperado: "Disculpe ¿podría ayudarme? Prometí a un amigo que me reuniría con él a las dos de la tarde, pero ya son las dos y media, y no sé dónde estoy". El transeúnte, con mucha cortesía le responde: “¡Pues claro que puedo ayudarle! Se encuentra usted en un globo de aire caliente, flotando a unos veinte metros encima de una calle, a cuarenta grados de latitud Norte y a cincuenta y ocho grados de longitud Oeste”. El aeronauta escucha con atención, y seguidamente le pregunta con una sonrisa: "Amigo ¿por casualidad es usted del PP?". "Si señor, para servirle, pero ¿cómo lo ha sabido?”. "Porque todo lo que me ha dicho es técnicamente correcto, pero su información no me sirve de nada, y sigo perdido". El hombre se queda callado a su vez, y al final le pregunta al del globo: "Y usted ¿no será por casualidad del PSOE?". "Si, soy socialista. ¿Cómo lo ha averiguado?". "Muy fácil: no sabe usted dónde está ni a dónde va. Ha hecho una promesa que no tiene ni idea de cómo cumplir, y espera que otro le resuelva el problema. Está tan perdido exactamente como antes de preguntarme. Pero ahora, por algún extraño motivo, resulta que la culpa es mía”.

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

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