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Miércoles, 12 de octubre de 2005

Reflexiones desde la Caverna

Artículo publicado en El Confidencial

“¿Has visto la última peli de Torrente?”, me preguntaba el otro día un amigo. “Pues no. No voy mucho al cine y la verdad es que Torrente no me llama la atención”, le contesté. “Pues no sabes lo que te pierdes...”, insistió. “Es que no me gusta. Vi un poco de la primera y no me dijo nada, me pareció un poco casposilla”.

--Tú lo que pasa es que eres un poco facha.

¡Joder! Ya estamos. Siempre igual.

--¡Oye!, y si no me gusta Garci, ¿soy un poco progre?

--No es lo mismo –me dice-. Que no te guste Garci está bien porque es un franquista.

Menos mal que es mi amigo, que si no... Le recuerdo, claro, que Rajoy asistió al estreno de Torrente III y le cuento, por si no lo sabe, que el líder del PP y Santiago Segura han hecho buenas migas, hasta el punto de que fue el propio actor-director-showman quien le invitó expresamente al acontecimiento. Y le cuento también, por si tampoco lo sabe, que Segura no es el único representante del mundo del cine sector progre –el más concurrido, por otra parte- que se entiende a las mil maravillas con el político gallego, y le pongo el ejemplo de Antonio Resines.

--¡Un par de traidores!- me dice.

--¡No me estás hablando en serio!. ¿No te parece bien que haya puntos de encuentro y convivencia desde posiciones políticas distintas?

--Es que vosotros estáis en la caverna. ¡No se os puede hablar!. Es como lo del Estatuto catalán: habéis dicho que no, y ya está.

O sea que soy yo el que estoy en la caverna, una expresión muy de moda estos días por una parte importante de la izquierda, la misma izquierda que no quiere ni oír hablar de que le lleven la contraria. Pues bien, desde mi caverna, al menos, podré hablar con libertad mientras otros, desde la suya, intentar coartar la de los demás y secuestran los sentimientos y las esperanzas de una sociedad civil que no encuentra resquicios por los que defenderse del acoso. Eso ocurre en Cataluña y en el País Vasco: sociedades dominadas por el nacionalismo fundamentalista. Lo hablaba el viernes, sin ir más lejos, con otro amigo, gran amigo y heredero de la más pura tradición del consenso político y la entrega al servicio de una causa llamada España. Es tal el grado de cautividad al que están sometidas las sociedades catalana y vasca que, a cuenta del Estatut, hasta el Obispo de Barcelona ha cerrado filas con un texto que aboga por la eutanasia, el aborto libre y la escuela laica –pública y privada-. Vivir para ver.

Y para sufrir.

A mi no me gusta Segura, pero si Amenábar. No soporto a los Bardem –porque hacen de su militancia política razón para medrar en lo profesional- pero adoro a Aitana Sánchez Gijón –artísticamente hablando, se sobreentiende-. He leído a Neruda, Unamuno y Miguel Hernández. He odiado el franquismo tanto como ellos –los de la izquierda-, más que ellos incluso, por una cuestión de tradición: la de la izquierda no ha sido, precisamente, un dechado de virtudes democráticas y, al final, los extremos se acaban uniendo. He escuchado a Serrat, he visto no se la de veces las películas de Buñuel, y, off course, las de Allen. Yo puedo decir que estoy contra las dictaduras, contra todas las dictaduras, sean de izquierdas o de derechas. Pero estoy en la caverna.

Y lo estoy porque creo que lo que construimos a base de mucho esfuerzo y mucho consenso está por encima de los intereses partidistas y uniformados de unos pocos. Lo estoy porque creo en mi país, y creo que podemos construirlo juntos, uniendo esfuerzos en lugar de separando voluntades. Lo estoy porque creo que solo puede sostenerse el Estado de Derecho desde el respeto a la ley y a la separación de poderes. Lo estoy porque reclamo libertad para opinar. Lo estoy porque exijo que se tenga en cuenta la opinión de la mayoría frente a las imposiciones mezquinas de unos pocos...

Yo estaré en mi caverna, pero al menos busco un soplo de libertad. Otros están en la suya, y tapan la puerta con enormes piedras para evitar fugas y cubrir los agujeros por los que puede filtrarse la esperanza. Son ellos los que imponen, los que quieren decidir por nosotros y que nosotros no podamos decidir por ellos. Son ellos los que estigmatizan a todo aquel que discrepa y le ponen la etiqueta de fascista o, sorpresa, de españolista, como si esto último fuera algo de lo que hay que arrepentirse o abjurar eternamente. Y lo malo, lo terrible, es que son muchos los que asisten impasibles a esta astracanada.

Cuando Castro venció en Cuba se pasó los primeros tres años de su mandato dictatorial ocultando a los cubanos la verdad de sus intenciones, hasta el punto de que la mayoría creían de él que era un simple reformista agrario. Luego llegó la cruda realidad. Cruda, cruel y escalofriante realidad. Y a mi hay modos y maneras, discursos y palabrerías que me recuerdan que los tiranos también fueron estupendos vendedores de humo. Detrás de las palabras vacías puede haber realidades muy plenas de contenido antidemocrático. Pero somos los demás los que estamos en la caverna.


Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Aunque no suelo poner comentarios en los foros, no puedo dejar de decirle que leo todos sus artículos y estoy totalmente de acuerdo con ellos, a parte de que me encanta su manera de escribir, clara y sentida a la vez. Es un alivio comprobar que hay gente que, ante la situación general de abulia y borreguismo progre, es capaz de decir verdades sin temor a posibles represalias. Por desgracia cada vez más posibles. Gracias.

Lomi | 13-10-2005 18:31:24

Sr. Quevedo, le leo con atención y estoy de acuerdo tanto en la forma como en el fondo de sus artículos. Yo también escribo un blog sin ser un profesional, es obvio, del que me gustaría que usted al menos sepa su existencia. Le envío los artículos de ayer y de hoy. Espero que el sistema no me lo rechaze como spam Harry Potter y sus ocho soluciones mágicas o el de hoy América, España y Liliput


Birmain | 14-10-2005 15:00:20

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