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Miércoles, 21 de septiembre de 2005

La ONU necesita un lavado de cara

Artículo publicado en El Nuevo Lunes

La semana pasada la Organización de las Naciones Unidas, ONU, celebró su 60ª Asamblea General y la posterior Cumbre Mundial que reunió a más de 170 jefes de Estado y de Gobierno del mundo –en el caso de España fueron ambos- acompañados de larguísimos séquitos y nutridas representaciones de los medios de comunicación. Un acontecimiento que no ha pasado, en absoluto, desapercibido, pero que se produce setenta años después de que se firmara aquella Carta de San Francisco que dio lugar a lo que hoy conocemos como ONU y en un momento en el que la organización, dirigida por su secretario general, Koffi Annan, se encuentra bajo sospecha por acusaciones de corrupción, por un lado, y de ineficacia, por otro, aunque estas últimas hace años que se vienen vertiendo en la medida que la ONU no ha sabido hacer frente a los retos que se le iban presentado. La investigación llevada a cabo por Paul Volcker ha llegado a la conclusión de que, tal y como se conocía y ya hemos contado en estas mismas página, en el programa Petróleo por Alimentos que la ONU sostuvo con el régimen dictatorial de Sadam Hussein durante siete años, y en el que estaba implicado un hijo del propio Koffi Annan, se han encontrado indicios de delito, inmoralidad y corrupción, así como falta de control político por parte de los órganos de la ONU.

Hace dos semanas el Wall Street Journal resumía el informe Volcker con estas palabras: “El programa Petroleo por Alimentos es la historia de lo que la ONU es. De hecho, la ONU es Petróleo por Alimentos”, es decir, una historia continua de corrupción e inmoralidad. Annan, sin embargo, pretendía en esta Asamblea que el informe Volcker pasara sin pena ni gloria y que los estados miembros se limitaran a una reprimenda, mientras el elevaba a la Asamblea sus propuestas de reforma para que la ONU se enfrente a los dos grandes retos del siglo en el que vivimos: el terrorismo y la pobreza. Quien dio un paso de gigante la semana pasad en ese sentido fue, sin embargo, el presidente norteamericano, George Bush, reclamando la eliminación de aranceles comerciales a los países más pobres, mientras el presidente español, Rodríguez Zapatero, se escondía detrás de su Alianza de Civilizaciones que parece morir antes de nacer.

Pero vayamos al grano. Annan quiere reformar, entre otras cosas, la Comisión de Derechos Humanos con sede en Ginebra en la que, hoy por hoy, es más fácil escuchar el discurso demagogo y falso de Castro o Chávez bajo la presidencia de Gadaffi, que la de presos políticos y miembros de la oposición en Cuba o Venezuela, por poner un ejemplo. Pero la Comisión tiene un defecto de origen, y es que la inmensa mayoría de sus miembros son regímenes totalitarios y dictaduras tercermundistas que agreden los derechos fundamentales del ser humano, empezando por el de la propia vida. Annan propone una reforma meramente administrativa que, entre otras cosas, aumente los poderes del Secretario General, es decir, pura filosofía burocrática. Washington no esta de acuerdo, por el Gobierno norteamericano lo que quiere es una ONU más eficaz, más ágil a la hora de dar respuesta a los retos, y con mucha mayor transparencia en la gestión de sus presupuestos.

Y, sin embargo, lo que de verdad necesita la ONU es un lavado de cara, pero también una reforma en profundidad porque los principios que la inspiraron, consecuencia de la II Guerra Mundial y de la situación de dos bloques a que dio lugar la misma, no es la situación de hoy en día. Han cambiado las prioridades y los peligros, y la ONU de adaptarse al nuevo entorno internacional. La Carta Fundacional, por ejemplo, no admite el recurso a la fuerza preventiva, un concepto que acepta la OTAN e, incluso, la UE –que lo ha incluido en su Tratado Constitucional-, defendido por figuras internacionales como Javier Solana, todos ellos conscientes de que los riesgos de este siglo requieren anticipación.

Rafael Bardají escribe que “hay que empezar por aceptar que los principios inspiradores de la ONU no sirven ya. La izquierda clamó en los 90 a favor de la intervención humanitaria, lo que, en la práctica, significa ir en contra del principio bien asentado en la Carta de que las naciones son soberanas y la injerencia en sus asuntos internos, inadmisible. Las brutalidades de que hemos sido testigos acabaron con la idea de que el respeto a los derechos humanos se dejaba en manos de los dictadores genocidas. Ha llegado el momento de que también se acepte que la prevención y la anticipación pueden ser medidas militares perfectamente encuadradas en el derecho de todas las naciones a defenderse frente a enemigos y agresores, aunque éstos no sean estados nacionales ni ejércitos regulares”. Si el mundo quiere volver a tomar en serio a la ONU, es necesario, en primer lugar, un cambio en la figura del secretario general, el cierre de la Comisión de Derechos Humanos y el traslado de su sede a un país en desarrollo, que es lo que reclaman los expertos en política internacional. Eso, y un recorte en las aportaciones de los socios.

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | INTERNACIONAL | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Totalmente de acuerdo. Muchas carencias tiene la ONU, y la mayoria por estar desfasada y no haber sido actualizada al nuevo orden mundial. Nacida tras la II GM, se ha quedado muy anticuada. No hay ams que ver los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

tenk | 22-09-2005 00:36:38

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