Miércoles, 31 de agosto de 2005
Se puede ser todo lo hortera que uno quiera, pero un presidente del Gobierno sólo debería acreditar que lo es en la intimidad. Un presidente del Gobierno debe tener cerca a alguien que le diga algo así como: “Presidente, no debería usted viajar a Canarias, en pleno mes de agosto y al inicio de sus vacaciones, con camisa blanca, vaqueros negros y zapatos de vestir...”. Ese mismo personaje –que existe, es una especie de ayuda de cámara, y hasta Sonsoles disfruta de una empleada a su servicio con ese cargo- tendría que haberle insinuado la inconveniencia de acudir a las primeras misas y otorgamientos de pésame a los familiares de los militares fallecidos en Afaganistán –en circunstancias poco claras todavía-, con pose de fastidio y corbata de rayas. No señor. Un presidente del Gobierno debe acudir con corbata negra y rostro compungido, pero es posible que la suegra de Rodríguez no se la pusiera en la maleta, incluso que no tuviera una a mano en la finca real de La Mareta –donde humildemente pasa sus largas vacaciones-, que todo puede ser. Para tratarse de los primeros pésames que da Zetapé como presidente, la verdad es que ha dejado mucho que desear, quizás porque, en el fondo, el asunto le incordia más de lo que parece. Habrá tiempo, sin embargo, para hablar de lo ocurrido y de la reacción, porque si Rodríguez piensa que entorno a este asunto se va a correr un tupido velo, va listo. ¿Qué razón de peso hay para evitarle al Gobierno la respuesta a las múltiples preguntas que todos nos hacemos? Ninguna, salvo la de la consabida vara de medir.
El caso es que Zetapé esta rodeado de ‘mamelucos’. Desde aquello de Alfonso Guerra y el mystere, yo no recuerdo caso semejante al de Bono aterrizando con el helicóptero en pleno césped del Bernabeu. Solo le faltó pedirle a Florentino que le llenara el estadio de aficionados que le aplaudieran. Eso, y la rueda de prensa desgranando uno a uno los nombres de los fallecidos, ha sido de película de Berlanga o, peor, de show de Gila: “¿Es el enemigo? Soy Bono. No, que llamaba para saber si habían disparado ustedes al helicóptero...”. Si no fuera porque hay diecisiete soldados españoles fallecidos, entre Bono y Zetapé habrían conseguido convertir la tragedia en chirigota. Y Joan Puig de bufón carnavalero. Hasta ahora creía que en ERC había un soplagaitas, o sea, Carod, y que el resto eran más inteligentes lo que, en definitiva, les hacía más peligrosos. Pero no. Se ve que los Carod se clonan a sí mismo en versión Joan Puig, otro ‘mameluco’ que acaba de descubrir las simientes de la Revolución de Octubre: “¡Asaltemos los palacios de los ricos!”. O, en este caso, las piscinas. Así empezó el 34 y acabó en el 36, pero estos aprendices de fascismo cutre y casposo parecen pretender reiterar la historia a ver si a la segunda va la vencida. Me alegra, sin embargo, que algunos que acostumbran a templar gaitas según les convenga la cosa, vean como se las toman estos chicos de la izquierda radical y chavista, y otros pongan sus barbas a remojo, que todavía nos queda por ver mucho de eso que llaman “la pasada por la izquierda”. Échense a temblar.
Con todo, nada como lo de madame Calvo. No es que yo presuma de cultura musical, Dios me libre, pero entre esas canciones que le ponen a uno la carne de gallina se encuentra The River, y entre los conciertos de los que guardo un recuerdo memorable se encuentra uno de hace ya un porrón de años en el Vicente Calderón de Bruce Frederick Joseph Springsteen, nacido en 1949 en Freehold, New Jersey -una de sus memorables baladas es, precisamente, Jersey Girl-. Pues bien, mi notable admiración por el Boss se convertiría en rendida veneración si tuviera un huequecito en su dilatada agenda para hacer realidad el deseo -¿o sería mejor decir amenaza?- de madame Calvo de dimitir sólo si se lo pide Bruce en persona. Esto si que es de ‘mameluco’. Como cunda el ejemplo, vamos listos. Digo yo que Zetapé ya le habrá llamado al orden: “Oye, monina, tu dimitirás si te lo pido yo, que para eso soy el que te he nombrado”. Pero ya lo dudo. Lo que no acabo de entender es lo del Boss. ¿No le iba a Calvo el heavy metal? Pues entre Bruce y Leño, Iron Maiden o Rapsody, media un abismo más o menos similar al que hay entre él y Andy y Lucas, por poner un ejemplo así, a mano. Lo más duro que le he escuchado al Boss es Cadillac Ranch, y casi que no. Yo tenía a Calvo por una ministra heavy, de cazadora de cuero –Armani, off course-, tachuela y camiseta negra con calavera sangrante bien grande. De esa guisa hasta podría contratarla Pino Sagliocco para una gira de Lujuria, después de que Bruce nos hiciera ese favor a todos, claro. Pero ya podemos esperar sentados.
¿Saben? En la soledad de estos días de esparcimiento he llegado a una conclusión: entre los supuestos errores de Aznar y los pretendidos aciertos de Rodríguez, me quedo con los primeros. Al menos éramos un país serio, no una barraca de feria.
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
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