Miércoles, 31 de agosto de 2005
“El terrorismo que estalla en Madrid, Nueva York o Londres se engendra allí. Esta constatación es suficiente para responder a quienes se preguntan que hacen allí nuestros soldados”. No, no es una frase de José María Aznar, ex presidente del Gobierno, para justificar el envío de nuestras tropas a Iraq, pero podía haberlo sido. Se trata de una de las muchas y sorprendentes afirmaciones realizadas por el ministro del ramo, José Bono, en la Comisión de Defensa del Congreso el pasado miércoles para justificar la presencia de nuestras tropas en Afganistán, no para vigilar el proceso electoral tal y como había aprobado el Parlamento español el envío de nuestros soldados a aquel país, sino para combatir el terrorismo, un objetivo muy noble y que, indudablemente, comparto. Pero lo que no me gusta es que mientan, utilicen y manipulen a la opinión pública para luego hacer lo mismo que hacían los de antes pero por la puerta de atrás, la sonrisa de oreja a oreja y escurriendo el bulto, que es como se le llama a alargar las vacaciones hasta el 31 de agosto en medio de la tormenta y hacer mutis para evitar la comparecencia en el Congreso.
El presidente Rodríguez es un hipócrita, un cínico oportunista cuyo sentido de Estado roza lo injustificable y al que nada de lo que pasa le importa un comino mientras le sirva para mantenerse en el poder. Nos ha engañado a todos –bueno, no a todos- y encima se debe estar partiendo a carcajadas en sus largas, larguísimas, vacaciones que le pagamos con nuestros impuestos en la finca real de La Mareta, que hasta ahora ningún presidente veraneó tanto tiempo ni con tanto lujo, que se sepa, a costa de erario público. Ahora vendrán los adalides de lo políticamente correcto a justificar la mentira sobre la base de la existencia de guerras legales e ilegales, un argumento que me resulta sublime porque viene a ser algo así como que esto de matar al prójimo está bien si lo aprueba unas decenas de países presentes en el Consejo de Seguridad de la ONU, y mal si lo prueban otras decenas de países que no están presentes en el citado organismo internacional. Pues que los defensores de tal legalidad –a la que, por supuesto, hicieron oídos sordos en la guerra de Kósovo, pero entonces también gobernaba el PSOE- se lo expliquen a las madres, viudas y a los hijos de los afganos. Ese no es más que un argumento falaz para justificar lo injustificable. Lo cierto es que el Gobierno anterior nunca envió soldados a la guerra de Iraq, sino que envió tropas en misión humanitaria una vez acabado el conflicto, y ahora, sin embargo, el Gobierno de Rodríguez sí que envía soldados al combate.
¿Razón? Hacerle la pelota a George Bush para compensar los numerosos desaires del propio Rodríguez hacia aquel país. Porque ni siquiera existe un convencimiento de la verdadera necesidad de combatir el terrorismo islamista: ¿Cómo se entiende que, por un lado, se defienda la Alianza de Civilizaciones y, por otro, se vaya a pegar tiros a una de ellas?. No tiene otra explicación que la del oportunismo. De lo contrario, si realmente el Ejecutivo hubiera comprendido el alcance real de la amenaza, ya estaría preparando las excusas pertinente para justificar el regreso de nuestras tropas a Iraq, ya que tanto Afganistán como Iraq se han convertido en emblemas de la Guerra Santa emprendida por el islamismo fundamentalista contra Occidente, y de ambos países surge el terrorismo que nos amenaza en nuestras propias ciudades. Lo que no tiene sentido es combatirlo en uno y no en el otro. Leyendo este verano Los Monjes de la Guerra de Desmond Seward me llamó la atención un apartado en el que el autor cuenta que los Templarios tuvieron una discusión con el rey Amalrico en 1173 sobre que hacer con los asesinos o hasishiyun, “una secta extremista de los chiitas, cuyo fundador ponía un énfasis extremo en la doctrina de la Jihad (que el paraíso era la recompensa por la muerte en combate contra los infieles)”. En todos sus aspectos, esta secta de antaño tiene los mismos fundamentos y modos de actuación que Al Qaeda. Ese es nuestro enemigo, y cada vez está más presente entre nosotros, y si no somos capaces de comprender que está librando su particular cruzada contra nuestra civilización, perderemos la guerra.
Por eso no critico que nuestra tropas acudan allí donde se están librando batallas esenciales para nuestra propia supervivencia. Pero cuando las decisiones, sobre todo estas que tanta trascendencia tienen, se toman por motivos oportunistas, se corre el riesgo, en primer lugar, de equivocarse y, en segundo lugar, de no tener la suficiente envergadura moral y política para mantenerse firme en la decisión. Sobre todo cuando se gobierna a expensas de los designios de Carod y compañía. Cuando se gobierna así no es extraño que se mienta o se busquen artimañas para ocultar la realidad, o para justificarse a sí mismos por hacer lo mismo que se criticaba a otros. ¿Dónde están ahora los Bardem? ¿Porqué no sale Llamazares, que ha pedido el regreso de nuestros soldados de Afganistán, con la pancarta a la calle? Y, sobre todo, ¿porqué no explica Rodríguez las razones que le han llevado a este engaño y, sin embargo, se esconde para evitar tener que dar respuesta a la numerosas preguntas que cabría hacerle? Y a esto es a lo que llaman talante...
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | POLITICA | Comentarios (1) | Referencias (0)
Felicidades, has bajado de la parra. Ahora solo faltan 40,341,462 - 2(x) personas. (July 2005 est.)
Dato: En "España" no hay centro ni izquierda.
Catalunya lliure.
Hamnden | 02-09-2005 19:40:20
La Trinchera pretende ser un espacio de libertad para todo el que comparta una visión humanista y liberal de nuestra sociedad, desde el respeto a todas las formas de pensamiento que no pretendan convencer a través de la imposición
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