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Martes, 12 de julio de 2005

¿Quo vadis, Gallardón?

Artículo publicado en El Confidencial

Siempre le he tenido un especial afecto al enfant terrible de la derecha española. Me ha admirado la combinación de su gran inteligencia con la absoluta ausencia de tacto político. Le he defendido contra viento y marea, incluso contra mí mismo porque muchas de sus actuaciones chocan frontalmente con los principios liberales que me asisten. Gallardón es la derecha española lo que Chirac a la francesa: conservadurismo estatista. Pero a esa miel también acuden muchas moscas, y hay que tenerlas en cuenta. Gallardón ha hecho una religión de su actitud de verso suelto. Tan cerca como el jueves, cuando todo su partido se cebaba en la coña marinera que ha supuesto el impresionante despliegue diplomático de Rodríguez para conseguir los Juegos Olímpicos, el alcalde de Madrid asumía por completo la responsabilidad de la derrota y declaraba, expresamente, que no se podía responsabilizar a nadie más que a él. Todo un gesto que, sin embargo, ya le advierto a don Alberto que no obtendrá réditos del vengativo Rodríguez, salvo que sea para hurgar más en la herida del partido que asiste al regidor municipal.

Gallardón provoca más calenturas en las filas de su partido que entre sus adversarios políticos. Para él, esto es una virtud, la que le permite recibir los votos resignados de la derecha y los descontentos de la izquierda para sumar mayoría tras mayoría. En el fondo, esto es un arte, pero a Gallardón le pierde, por un lado, su propia ambición y, por otro, esa peculiar animadversión que siente hacia la vida de partido y que le ha alejado siempre tanto de las bases que cuando ha querido recabar su apoyo, lo que ha logrado han sido más tortas que otra cosa. Ambición, verso suelto, falta de tacto y una innata incapacidad para manejar los tiempos políticos, son las cuatro patas de la mesa de su propio destino fatal. “¿Quo vadis, Gallardón?”, parece querer decirle la conciencia colectiva del centro-derecha español cada vez que se sube al caballo de batalla y la larga mano del PP le hacen caer del mismo. Aún así, vuelve a subirse una y otra vez, incluso a sabiendas de que la suya es una ambición casi imposible.

Hace un año, por estas fechas, le pregunté a Rajoy: “¿Quién va a presidir el PP de Madrid?”. Y el gallego contestó, sin dudarlo nada: “Pío”. Gallardón, que conocía los designios del jefe, apostó a ciegas por García Escudero, y sólo cuando fue evidente que perdía esa batalla se decidió a dar otra que tuvo, si cabe, peor resultado. Rajoy, sin embargo, temeroso del poder que acumulaba Espe, optó por ofrecer al alcalde un lugar a su derecha en la mesa redonda de los ‘maitines’, de manera que Gallardón, como Lanzelot, alcanzaba una cumbre, la del sancta santorum de las decisiones del PP, hasta ese momento muy lejana para quien venía de derrota tras derrota en el devenir del centro-derecha, del que siempre jugó a ser el líder imposible, aunque llegó a creérselo el día que Aznar le insinuó que incluyera a Ana Botella en las listas y ya se vio compitiendo en el hipódromo de la sucesión para obtener los favores de esa Ginebra que es el centro-derecha español.

Gallardón tendría un lugar en la galería de hombres ilustres de nuestro particular centro-reformismo democrático, junto a Maura, Fraga y Aznar, si hubiera sabido comprender aquello de que “la unión hace la fuerza”. Y no lo digo por su compañera de partido en Madrid, con la que parece ser que es tanto lo que les separa que no hay reconciliación posible. Lo digo porque en las últimas semanas se ha especulado por doquier con la posibilidad de que el alcalde volviera por sus fueros pretenciosos del liderazgo conservador si Singapur le premiaba con la Olimpiada. Si era así, tendrá que darle las gracias a Zetapé por haber frenado en seco sus aspiraciones. Para ser lo que quiere ser, Gallardón necesita ganarse la ovación de su partido y, hoy por hoy, todo lo que hace y dice obtiene justamente lo contrario. Y, sin embargo, Rajoy sigue creyendo en el, incluso para darle más juego si el alcalde fuera capaz de entrar en razón y unir fuerzas con el gallego frente a la ambiciosa presidenta de la Comunidad de Madrid.

Sigo creyendo, pese a todo, pese a él mismo, que Gallardón es necesario y que, si no existiera, habría que inventarlo. El líder del PP dice que a partir de septiembre su partido entra en una nueva etapa de oposición, y que deben de adaptarse a ella. Eso no implica cambios de personas, pero si un mayor protagonismo de aquellos que, hasta ahora, mantenían un perfil más bajo a favor del tridente formado por Rajoy-Acebes-Zaplana. Y, entre los nuevos rostros del PP, entre quienes podrían asumir un mayor protagonismo a la hora de hacer llegar a la sociedad ese mensaje centro-reformista que tan necesario es en tiempos de sectarismo y radicalismo de izquierda, se encuentra Gallardón. Pero, claro, hay que creérselo, y el centro no es el correveidile de la izquierda. El centro es donde se gana la batalla por la libertad. ¿Lo sabe el alcalde?

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | POLITICA | Comentarios (3) | Referencias (0)

Comentarios

Estimado Federico:
Qué difícil es determinar las líneas que dividen la derecha del centro-derecha y éste del centrismo. ¿No le parece a Vd? Pienso que al final estos deslindes se concretan más por efectos especiales para consumo público que por cuestión de hechos. Son los partidos políticos corrales por los que deambulan pollos, gallinas y gallos, y éstos últimos son los únicos que concacarean. A mis ojos, Gallardón es un individuo con pretensiones que anda buscando su cauce personal hacia las alturas. Escaramuzas de guerrilla verá en estos menesteres. Cuánto me gustaría hablarle del Sr. Zaplana, quien anda también afanado en trazar su sendero de gloria y de fortuna. Por disposición digital colocó a Paco Camps en la Generalitat, y ahora le hace la vida imposible en la Comunidad porque este medio espíritu no se dejar mangonear.
Mientras los partidos políticos sigan funcionando como lo hacen, y mucho me temo que siempre será de esa forma, los próceres de vanguardia segurán encontrando a sus adversarios políticos más en sus comilitones que en los del otro bando. Por eso negocian y reparten poder como buenos hermanos.
Gallardón es uno de ellos, siempre templando gaitas, e intentando encontrar el momento preciso para dar el golpe de gracia, y luego repartir dádivas y medallones entre las huestes. Soy liberal militante, frustrado vagabundo de sedes, tenidas y capítulos. Me sexan como a un pollo _el corral- para ver si veo trapo y así entro de cabeza. Los veo, compañeros: abrazos, confidencias, aduladores, ganapanes y me acuerdo del licenciado Cabra quevedesco: “¡Coman, que mozos son, y me huelgo de ver sus buenas ganas; dejen para los criados, no lo queramos todo!”
Le continuaré leyendo, no cejé, creo que Vd goza de sentido común.

Cavaradossi | 15-07-2005 16:38:38

No lo dude Sr. Cavaradossi, de lo poco que hay en la red con sentido comun, vale la pena leerlo.

Lucas Deyá | 15-07-2005 23:20:42

AZP | 18-07-2005 15:49:18

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