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Martes, 05 de julio de 2005

Señor Rodríguez: ¡por fin ha salido usted del armario!

Entiéndame –en el mejor sentido, o sea, en el tradicional-, que no quiero decir yo que sea usted bujarrón, ni que pierda aceite, ni que le de por ojear en Chueca. No me lo perdonaría, lo se, porque en el fondo es usted más clásico que mear a chorrillo, pero ha salido usted del armario en el que se había escondido. Ha tenido usted más tiempo para escribir cuatro palabras y salir en la portada de la revista Zero que para recibir en su despacho a los organizadores de la marcha multitudinaria del pasado día 18 en defensa de la familia. Ha salido usted del armario definitivamente y ha demostrado que de talante, nada, más bien tatrás. De diálogo, cero. Y de tolerancia anda usted tan escaso como de agua los pantanos de las cuencas del sur de España.

Ha salido usted del armario y ha demostrado que prefiere mirar el culo de Zerolo antes que los ojos de los niños que llevaban el pasado jueves la cara tapada con caretas y la boca amordaza contra lo que ya se ha convertido en un verdadero ejemplo de agit-prop perfectamente estudiado para el enfrentamiento. Ha salido usted del armario y se ha mostrado como el más aplicado discípulo de Hugo Chávez y Fidel Castro, como el arquetipo de la cizaña y la provocación. Los políticos que no saben gobernar utilizan la huida hacia adelante, la división, el encizañamiento. Eso lo hacen muy bien los tiranos y los dictadores, porque suele ser el resorte habitual para provocar la adhesión que no consiguen por la vía del sentido común y la cordura.

Lo de encular o ser enculado es tan rancio como el oficio más viejo del mundo, así que no vaya usted de progre por descubrir ahora que el putero, la bollera y el julandrón, la meretriz y el cortesano forman parte de la normal existencia social, que de todo debe haber en la viña, chardonay y tempranillo, uva pasa y mala uva, como la que usted tiene y extiende por doquier, que ha conseguido cabrear al personal hasta el punto de la inquina y el encone, y todo por taparse los ojos y taponarse los oídos ante la lógica y la corrección, que no es otra cosa que hacer el bien sin perjudicar a nadie, porque entonces no se hace el bien, se hace una jodienda.

Y mire, señor Rodríguez, que en lo básico había consenso hasta decir basta, que nadie le decía que no a su derecho a extender derechos, que si se trataba de corregir desviaciones de la legalidad vigente y enderezar desavenencias, nada que objetar. Aquí, el que quiera perder aceite, que lo pierda, y el que quiera resbalarse, que resbale, pero más allá de la conciencia moral de cada uno y la colectiva de los púlpitos, no está el Estado para juzgar lo que haga cada uno en el catre o en el asiento de atrás del coche, sino para que nadie se quede desamparado ante la ley. Y eso, señor Rodríguez, no es lo que ha hecho usted, sino que ha salido del armario para darles a unos los derechos que les quita a los otros, porque de eso va su táctica bravucona y pendenciera.

¿Por qué lo hace, señor Rodríguez? ¿Por osado? ¿Por necesidad? Porque, perdóneme, no me creo, ni de lejos, que lo haga por otro convencimiento distinto al de buscar los efectos conseguidos. Es decir, no lo hace usted porque piense, de verdad, que así extiende los derechos civiles a quienes, por su elección sexual, se ha perseguido a lo largo de la historia injustamente. Si lo hiciera por eso, señor Rodríguez, no habría salido del armario para provocar a la otra parte, sino que, en cumplimiento de lo que usted dice que es su guía espiritual, hubiera buscado el máximo consenso y hubiera practicado eso tan fácil, aunque no se lo crea, que se llama diálogo y que es perfectamente posible ejercerlo con quienes no piensan como usted.

Pero no, el señor Rodríguez hace las cosas a sabiendas de que va a hincharle las pelotas al personal, y además disfruta, lo cual es doblemente indecente. Porque dice, señor Rodríguez, y lo hace sin inmutarse, que España es ahora más decente. Pues mire, no. La decencia no está en dar a unos lo que es de otros, en provocar fracturas, en generar tensiones. Lo decente era haber escuchado todas las voces, pero de eso, usted, si que no entiende. Se que no podré convencer del engaño a quienes supuestamente quiere usted beneficiar, pero permítame que les diga que nadie, ni usted, debe obligarnos a elegir entre el piano de Elton John o la guitarra de Eric Clapton, sino que la música debe sonar bien en cualquier caso, sea blues, country o rock’n’roll. A cada uno, su estilo.

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | POLITICA | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Oiga, Sr. Quevedo, perdone la molestia:
¿Qué especie de góngora le ha picado?

Alucino con los autoproclamados liberales.
En fin.

beocio | 05-07-2005 18:18:30

Muy bueno el comentario Sr. Quevedo, ante todo un saludo y de vuelta a la Isla, con respecto al comentario, al Sr. ZP, le viene muy bien el dicho de "Dime de que presumes y te dire de que careces", nunca mejor dicho, cuando los Socialistas estan en el Poder, siempre hacen lo contrario de lo que predican cuando estan en la oposición, con perdon a los votantes Socialistas, pero nunca se daran cuenta de lo que son sus dirigentes.

Lucas Deyá | 05-07-2005 23:53:07

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