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Jueves, 30 de junio de 2005

Bolivia o la ‘chavización’ de América Latina

Artículo publicado en El Nuevo Lunes

Lo ocurrido en los últimos meses en Bolivia no puede pasar desapercibido a os ojos de la diplomacia internacional. Y no puede porque el país andino se ha convertido por obra y gracia del desinterés mundial en el campo de pruebas, en el tubo de ensayo de la extensión de la llamada ‘revolución bolivariana’ que Hugo Chávez quiere extender por toda América Latina. Bolivia se ha convertido en la demostración paradigmática de cómo se desmembra, se caotiza y se intenta destruir una nación en todos los terrenos, en el psicológico, en el social y en el político. Los agentes visibles de ese experimento de laboratorio son los llamados ‘movimientos sociales’ bolivianos, en su mayoría integrantes de redes anarco-indigenistas ligadas al Foro Social Mundial (FSM) e inspiradas en dos de sus máximos adherentes, el presidente Hugo Chávez, de Venezuela, y el dictador Fidel Castro, de Cuba. Sería ingenuo interpretar como una mera coincidencia los numerosos viajes a Caracas y a La Habana de dirigentes del Movimiento al Socialismo (MAS) y de la Central Obrera Boliviana (COB). Por ejemplo, el Primero de Mayo pasado sus respectivos líderes, Evo Morales y Jaime Solares, viajaron a La Habana para reunirse con Chávez y Castro. Pocos días después, estallaba en Bolivia la fase más reciente y violenta de disturbios, que desembocó en la renuncia del presidente Mesa, la elección de un nuevo presidente, una frágil tregua política, el anuncio de elecciones generales y, sobre todo, la continuación de la incertidumbre.

La utilización de los indígenas como carne de cañón es un viejo sueño de los revolucionarios latinoamericanos. Lo que está ocurriendo en Bolivia no es sino la concreción, aplicada a ese país, de dicho sueño-o pesadilla-. Martha Harnecker -una intelectual chilena oriunda de la izquierda católica, que vive en Cuba desde el comienzo de la revolución, estrecha asesora de Fidel Castro y activa participante del Foro Social Mundial- dibujó esta estrategia hace casi dos décadas en su libro Estudiantes, cristianos e indígenas en la Revolución, abriendo los ojos de "las vanguardias latinoamericanas" sobre la "importancia política que representan los grupos indígenas y minorías étnicas para las futuras revoluciones del continente". La Eco 92 Alternativa, celebrada en 1992 en Rió de Janeiro, selló un pacto socialista-indigenista-ecológico, renovado y potencializado en 2001 cuando se fundó en Porto Alegre el Foro Social Mundial. En la actual coyuntura continental, con países limítrofes de Bolivia territorialmente gigantes como Brasil y pequeños como Ecuador afectados por crisis políticas de consecuencias imprevisibles, el experimento boliviano parece tener dos objetivos inmediatos: Uno hacia el exterior que pretende presentar el caso boliviano como un fenómeno espontáneo que contaría con la adhesión de la mayoría de la población, y como algo que podría ser imitado en otros países de América Latina. Y un segundo hacia el interior, que pretende mostrar la rebelión de los ‘movimientos sociales’ como un proceso irreversible, delante del cual de poco o nada sirve esbozar una reacción, siendo la única opción cruzar los brazos con espíritu derrotista y desanimado, aceptando la fatalidad.

Ni lo uno ni lo otro es cierto. En realidad, el experimento boliviano, lejos de ser espontáneo, es un producto planificado y patentado en laboratorios sociales revolucionarios ligados al FSM; y, lejos de ser todopoderoso e irreversible, se vuelve vulnerable si se dejan al descubierto el componente publicitario que lo impulsa y los vasos comunicantes que subterráneamente lo alimentan. Ayudar hoy a Bolivia no significa interferir en sus asuntos internos sino poner en evidencia ante la opinión pública internacional que personajes como Chávez y Castro, y redes como las del FSM son, de alguna manera, los principales alquimistas del experimento de laboratorio boliviano. Si esa interferencia sale de las brumas que actualmente la protegen, y queda al descubierto, será una manera de neutralizarla, al menos en parte; y los bolivianos podrán así pasar a debatir sus asuntos internos en un clima más racional y democrático. La comunidad internacional debería ser consciente de que ayudar a Bolivia significa señalar la artificialidad de la mayoría de los llamados ‘movimientos sociales’ anarco-indigenistas y su dudosa representatividad, y contribuir a evitar la instauración en América Latina de un populismo de cuño chavista. Que es posible hacerlo lo demuestra el pueblo colombiano, que supo resistir a una cruel ofensiva durante décadas de la narco-guerrilla, que intentaba dar la impresión de ser irresistible.

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | INTERNACIONAL | Comentarios (0) | Referencias (0)

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