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Lunes, 20 de junio de 2005

El populismo de Zapatero o cómo convertir a los defensores de la familia en fachas y enemigos de los gays

Artículo publicado en El Confidencial

El sábado pasado acudí a la manifestación convocada por el Foro Español de la Familia y lo hice por una razón: porque creo que una sociedad debe tener unos mínimos principios morales sobre los que regirse, y uno de ellos es la familia, que es el núcleo que permite a una sociedad desarrollarse y que, por lo tanto, en la medida que esa sociedad se articula y conforma unas determinadas formas de convivencia y de gobierno, lo primero que debe hacer es ser consciente de lo que le ha permitido existir como tal. No hablo de principios católicos o cristianos. No es una reflexión exclusiva de la derecha ni, mucho menos, de posiciones ultramontanas.

El matrimonio es connatural a nuestra propia existencia y, por lo tanto, no solo no debemos renunciar a él o simplemente aceptarlo, sino que nuestra obligación es fomentar la existencia de la familia y protegerla en su origen. Lo curioso es que quienes no lo ven así utilizan por todo argumento el insulto: “¡Facha!”. ¿Era un facha el entonces candidato del PSOE, Rodríguez Zapatero, cuando afirmaba (21-II-2004): “Respeto, desde la máxima tolerancia, el concepto de familia que cada uno tiene y respeto, porque forma parte de nuestra tradición, que el vínculo jurídico del matrimonio es, sin duda alguna, un elemento nuclear en la familia”?

No se trata de manifestarse en contra de las uniones de parejas homosexuales. No es ese el motivo, aunque algunos quieran presentarlo, demagógica y torticeramente, así. Tampoco lo es cuestionar el reconocimiento civil de las parejas homosexuales y los derechos que conlleva, aunque no deja de ser curioso que a la misma progresía que antaño consideraba el matrimonio como una institución carca, ahora le parezca lo más in. A lo largo de la historia las distintas sociedades han permitido formas diferentes de matrimonio y, así, culturas muy primitivas aceptaron la poliandria –una mujer y varios hombres-, y hoy hay sociedades que aceptan la poligamia –lo contrario-. Pero nunca se ha discutido el fundamento heterosexual.

Esta es una convicción universal: todo germen social requiere de la unión hombre-mujer para dar paso a la procreación y, por tanto, a la propia sociedad. De ahí que lo que se debate en el Parlamento resulte tan insensato como imponer, por ley, que la Tierra es cuadrada. Esto no se reduce a una cuestión nominalista o de extensión de derechos, sino que la reforma del Código Civil pretende que la unión hombre-mujer, de la que hemos nacido todos, sea igual que la de dos hombres o dos mujeres por la fórmula de la negación legal de cualquier diferencia biológica, antropológica, social, ética...

Si lo que se pretende es corregir una discriminación hacia los homosexuales, el Código Civil puede hacerlo sin, por la misma regla de tres, destruir la institución del matrimonio. La limitación del mismo a las parejas heterosexuales no implica una discriminación, ni lo entienden así la Constitución española ni el derecho internacional comparado. En términos jurídicos, tendría mucha más lógica responder a la pluralidad de realidades con la diversidad de instituciones que las acojan.

Porque esta es la raíz de la reforma y el motivo esencial de la protesta. Al eliminar la diferenciación sexual lo que se hace es desvanecer el matrimonio, eliminar su tutela legal. En otros países lo que se ha hecho ha sido equiparar, en mayor o menor medida, la unión de hecho de parejas del mismo sexo a la figura del matrimonio –en Holanda la equiparación es total-, pero sin renunciar a ésta. Es más, el propio Gobierno socialista en 1991 dictaba una resolución según la cual “el derecho fundamental del hombre y la mujer a contraer matrimonio, contemplado en el artículo 32 de la Constitución española, está limitado a personas de distinto sexo”.

Ninguna legislación llega tan lejos, ni lo ha hecho nunca a lo largo de la historia de la Humanidad, hasta que Rodríguez propuso la redefinición del matrimonio para sustituirlo por una unión coyuntural de personas del mismo o distinto sexo, indistintamente. Una auténtica aberración de los principios morales y naturales que inspiran la legislación vigente en todo el mundo y, en particular, en España. Las leyes tienen que tener un sentido positivo, y esta reforma implica una negación en sí misma.

El Estado no puede actuar contra toda la estructura biológica, psicológica, antropológica y social que ha conformado el mundo tal cual lo conocemos, por una cuestión ideológica y, ni siquiera eso, por una simple terquedad electoral. La constatación de que se trata de una ofensiva sectaria y en contra de la mayoría frente a la institución del matrimonio, es que la reforma se ha llevado al Parlamento sin diálogo, ni talante, ni consenso... Tocaba, por tanto, decirle a Rodríguez lo que pensamos en la calle, eso sí, bajito, para evitar que nos detuvieran por vociferar.

Federico Quevedo

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | SOCIEDAD | Comentarios (3) | Referencias (0)

Comentarios

La verdad es que con todo esto quedo atonito de ver cuanto cateto hay en este pais, y con perdon, y sin animos de ofender a gente de izquierdas, pues de verdad que el grado de manipulación que tiene este gobierno es algo fuera de serie, es que si de verdad fueran buenos nada de todo esto pasaria, seguro, es mas Barrerian al PP de la Historia, y lo que estan haciendole es campaña gratuita hasta las proximas elecciones, estamos ante un gobierno de lo mas torpe e inutil, jamas visto en un pais con un poco de sentido comun, para termimar el problema es que no sean de izquierdas el problema es que son torpes.

Lucas Deyá | 21-06-2005 01:22:56

Pues quizas lo que proceda ahora es defender la particularidad de la union heterosexual y dejar el 'matrimonio' solo para uniones entre personas del mismo sexo.
¡Exijo discriminación!

Enrique | 22-06-2005 12:49:46

¡ Viva la heterosecualidad!
http://alicant4ever.bitacoras.com

alicant4ever | 22-06-2005 22:01:12

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