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Viernes, 17 de junio de 2005

España, bajo la amenaza islamista

Artículo publicado en El Nuevo Lunes

El debate sobre la negociación con ETA, las últimas acciones de la banda asesina, la ruptura del consenso en torno a la política antiterrorista... La situación nos ha hecho olvidar que existe otra amenaza sobre nuestro país, y las detenciones persistentes de islamistas vinculados a células durmientes o no y relacionados, en algunos casos, con el 11-M y los atentados que sobrecogieron el corazón de los españoles, así como los anteriores del 11-S en Estados Unidos, deben llamar nuestra atención porque en España, como en el resto de Europa, la amenaza del terrorismo islámico no ha hecho sino aumentar. Formaba parte de la lógica que España siguiera en el punto de mira a pesar de que la vinculación –intencionada- entre los atentados del 11-M y la política exterior del PP dijera lo contrario. Según ese precepto, una vez que el PP ya no está en el poder, la amenaza debería haber desaparecido, pero no es así e, incluso, algunas de las detenciones practicadas a partir de entonces evitan atentados inminente como los previstos contra la Audiencia Nacional.

La realidad es que España, pese a haberse retirado de Iraq, sigue siendo un país vinculado a sus aliados y con presencia de tropas en otro país musulmán, Afganistán, por lo que nuestro país sigue siendo un enemigo a batir y así se pone de manifiesto en numerosas publicaciones islamistas. Además, el precedente de que con un atentado de considerables proporciones los terroristas pueden influir sobre la política de un país y sobre el resultado electoral, hace más atractivo para sus intereses totalitarios el continuar con la cadena de atentados, especialmente en un país que supone un referencia espiritual para el islamismo radical, que siempre ha pretendido la reconquista de Al Andalus como unos de sus objetivos primordiales. No es baladí esta apreciación, porque el terrorismo islámico cree que su decadencia arranca con la Reconquista y que es necesario recuperar nuestro suelo para así recrear el Califato. Que la movilización de los terroristas pueda ser local no quiere decir que su inspiración no tenga estas motivaciones.

¿Estamos preparados para afrontar esta amenaza en toda su dimensión? La impresión es que la política de defensa en estos últimos meses no se ha dirigido en la dirección correcta y eso puede ser perjudicial para nuestros intereses. Veamos. La retirada de Iraq, aún siendo un compromiso electoral, nos ha alejado de unos de los escenarios imprescindibles para la actuación de los servicios de inteligencia en materia contraterrorista. Al Zarqawi, herido según parece pero inmediatamente sustituido al frente las acciones de combate de Al Qaeda, tiene su base de operaciones en Iraq, y desde allí salen las órdenes a sus huestes en todo el mundo para que cometan atentados, y las últimas detenciones demuestran que España es uno de los surtidores de terroristas vinculados al grupo del jordano en Iraq.

El segundo punto en el que nuestra defensa se ha visto debilitada es el alejamiento de Estados Unidos. Aunque ambos países comparten objetivos en la lucha contra el terrorismo, España ya no es un aliado de primer orden y eso nos afecta en lo que a información se refiere. A este panorama hay que sumar una congelación de los gastos de Defensa y el freno al proceso de transformación de nuestras fuerzas armadas. Hay un cuarto aspecto mucho más delicado, pero el ‘abrazo’ con Marruecos puede no ser del todo conveniente. Permítanme que cite a Rafael Bardají e Ignacio Cosido cuando señalan, muy acertadamente, que la política de defensa del actual Gobierno se caracteriza por el desarme conceptual, institucional e internacional.

El primero se esconde bajo la fórmula de la Alianza de Civilizaciones propuesta por Rodríguez en la ONU y reiterada en numerosas ocasiones, y que es el resultado de la visión del fenómeno terrorista según la cual es mejor el diálogo que la firmeza. Y algo de lo mismo esconde, por ejemplo, el debate sobre ETA del que hablaba al principio. Pero la experiencia dicta que el diálogo con los terroristas no conduce sino al fortalecimiento de los mismos, y no parece que con el terrorismo islámico vaya a ocurrir lo contrario. Pensar que el mantenimiento de nuestras fuerzas de seguridad y el Ejército dentro de nuestras fronteras va a disuadir a los terroristas de sus ataques es, cuando menos, infantil. Aunque, en este apartado, hay que agradecer al ministro Bono que haya aceptado las enmiendas del PP a la Ley de Defensa permitiendo a nuestras tropas actuar de manera inmediata en el extranjero si es necesario para los intereses nacionales.

El desarme institucional se produce en la medida que, un año después de los atentados del 11-M, no ha habido avances en cuanto a la mejora de la capacidad de nuestras fuerzas de seguridad en la lucha contra el terrorismo islamista. El único paso destinado a mejorar el flujo de información ha sido la creación de un centro antiterrorista, escasamente dotado de personal y carente de competencias operativas. La particularidad y la extensión de la amenaza islamista exigirían una clara reorientación de recursos y prioridades, así como la mejora en el intercambio de información y coordinación entre los distintos servicios de inteligencia. Del desarme internacional ya hemos hablado otras veces, pero un país necesita tejer una tupida red de alianzas internacionales que le permitan compensar sus propias debilidades, y no es eso, precisamente, lo que se está haciendo cuando nuestro país mengua de manera importante su protagonismo en la escena internacional. Todo ello hace que nuestro país sea vulnerable, sin que desde el Gobierno se haya avanzado en fortalecimiento de nuestra posición frente a la amenaza terrorista.

Federico Quevedo

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | TERRORISMO | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Dios quiera que no vuelva haber un atentado Islamista ni de ninguna otra indole, en nuestro Pais, pues se podria armar la de dios, y cudadin cudadin que nadie esta a salvo con esta gente.

Lucas Deyá | 18-06-2005 00:29:17

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