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Miércoles, 15 de junio de 2005

Asarnos de calor y morirnos de sed: ese es el verano que nos proponen Narbona y Zapatero

Artículo publicado en El Confidencial

Prepárense para lo que viene. No quiero ser alarmista, pero dadas las circunstancias es bueno que sepamos que nos encontramos en medio de una pertinaz sequía y que se avecina un verano de aupa por lo que, entre la falta de agua y las puntas de crecimiento espectacular del consumo eléctrico, lo que se nos avecina es un infierno de cortes de agua y de energía. No seré yo quién caiga en la demagogia de culpar al Gobierno de que no llueva o de que haga calor -otros si le echaron al anterior Gobierno la culpa de que se partiera el Prestige por la mitad-, pero sí le culpo de ineptitud y de una ausencia de previsión que se ha vuelto endémica. Haga frío o calor, el Gobierno de Rodríguez no está ni se le espera.

Si por toda advertencia la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, se limita a recomendar que no encendamos los aparatos de aire acondicionado, es decir, que pasemos calor, implica una nula sensibilidad por su parte y, sobre todo, la ausencia absoluta de ideas para afrontar en el futuro situaciones como esta que, por efecto del cambio climático, serán cada vez más habituales. El Gobierno se tumba a la bartola bajo la sombra y a los demás que nos den, que ya vendrán otros a arreglar el desaguisado si es que todavía tiene arreglo.

La escasez de agua viene a incrementar los ya angustiosos problemas energéticos. La sequía afecta al consumo eléctrico por el lado de la demanda ya que al estar la atmósfera menos húmeda suben las temperaturas y, por lo tanto, la necesidad de combatirlas mediante aparatos de aire acondicionado. Pero también por el lado de la oferta, ya que descienden los recursos hídricos para producir energía y almacenarla, con lo que es necesrio recurrir a las centrales, limitadas, de carbón, y a las de gas o de ciclo combinado con poca capacidad de almacenaje. Una razón de peso para abandonar la demagogia ecologista tan al gusto de Narbona sobre las centrales nucleares y volver a plantearlas como solución de futuro. Pero, a día de hoy, la expectativa es muy negativa.

España tiene una evidente escasez hidrológica en comparación con el resto de Europa, y la ausencia de una gestión eficaz de nuestros recursos es, sin duda, una de las asignaturas pendientes de nuestra política económica. Mark Twain decía que “el whisky es para beber, el agua para pelear”, y a la vista de cómo en este país se ha echado mano de la demagogía más torticera para evitar un reparto equitativo de ese bien necesario entre las comunidades donde sobra y aquellas a las que les falta, esa afirmación se hace muy patente.

Y, sin embargo, no estaba tampoco en el Plan Hidrológico que preparó el PP, ni mucho menos en la alternativa igual a cero propuesta por Narbona, la solución a un problema que ateñe a un bien económico en la medida que es escaso y que a su vez es un bien de consumo y factor de producción. España debería haber apostado, hace ya tiempo, por un Mercado Libre del Agua frente al actual de propiedad pública y precios administrados que se ha demostrado ineficiente y, sobre todo, por una reasignación de la demanda de la cual hoy un 18% es para consumo y el 68% para riego, muy lejos del reparto habitual en los países más desarrollados de la UE.

Un reparto que, sin embargo, no coincide con el peso de los sectores en el PIB, ya que la agricultura tiene un peso del 3% mientras que el sector servicios supone un 40% del producto bruto. Y, sin embargo, en España le damos prioridad al uso del agua agrícola frente al, por ejemplo, turístico. Y esto tiene un efecto paradójico en materia de precios. El agua para uso agrícola tiene el precio subvencionado por lo que la demanda de la misma es ilimitada en la medida que, además, la subvención no depende de la cantidad de agua disponible sino de la capacidad de pago. Así, en tiempos de sequía la capacidad de pago se reduce por lo que el precio del agua cae y aumenta su demanda al mismo tiempo que el bien escasea.

Existe una alternativa a la gestión planificada -que se ha demostrado ineficaz para resolver estos problemas-: la atribución de derechos de propiedad sobre el agua y la posibilidad de transferir esos derechos mediante un precio pactado entre propietarios y consumidores. Obviamente, el Estado tendría aquí un papel regulador para evitar abusos y posiciones dominantes, pero la introducción de la competencia allí donde se ha experimentado –California, Australia, Reino Unido- ha tenido efectos positivos. La apertura del mercado permitirá además al sector privado afrontar las inversiones necesarias para mejorar las redes y los sistemas de almacenamiento. Se trata de favorecer que el sistema de precios regule la oferta y la demanda. Una apuesta arriesgada por la que este Gobierno ineficaz de Rodríguez no se va a inclinar.

Federico Quevedo

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | SOCIEDAD | Comentarios (0) | Referencias (0)

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