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Miércoles, 08 de junio de 2005

Del ‘pancartero’ Zetapé al civismo de Rajoy: hasta para manifestarse hay, todavía, clases

Ya se que esto me va a costar la indignación de mis críticos incondicionales, pero es así, y el sábado pasado fue la demostración evidente de que no se manifiesta igual el centro derecha cívico y demócrata que la izquierda pancartera y pseudorevolucionaria. El lunes pasado se celebró el 60 aniversario de la condena a Lluis Companys por rebelión contra el poder establecido. Es importante aprender de aquellos polvos para evitar lodos posteriores. Companys fue un instigador del Golpe de Estado de 1934 que unió al PSOE y a ERC contra la República en la medida que, por voluntad popular, los españoles habían puesto en manos del centro-derecha de la CEDA el Gobierno de la misma. Es decir, no aceptaron el resultado de las urnas y decidieron ir contra el orden establecido del mismo modo que unos años antes hicieron los bolcheviques en Rusia. El PSOE quería la instauración de un régimen comunista en España y ERC –que de comunista tiene poco, y mucho de fascismo nacionalista- la independencia del Estado catalán.

La izquierda tiene una cierta obsesión –como Companys- por utilizar la calle para lograr aquellos fines que no consigue a los modos democráticos. Y con esto no pretendo oponerme al derecho de la sociedad civil a manifestarse. Al contrario. Los ciudadanos tienen maneras de decirles a los políticos que no están de acuerdo con su modo de gobernar, que están, en definitiva, cabreados. Una es no votarles. Pero entre llamada a las urnas y llamada a las urnas, hay un periodo de tiempo en el que los ciudadanos deben buscar otras formas de expresión. Existen muchas, en la medida que la sociedad civil toma conciencia de su papel, y una de ellas es la manifestación. Pero, al contrario que la sociedad civil, los políticos tienen un medio de expresión de sus opiniones que está perfectament establecido como tal en la Constitución, el Parlamento, y, por lo tanto, es ahí donde deben dirimir sus diferencias y no en la calle. En todos estos años ha habido, sin embargo, una excepción que unía a los políticos tras la pancarta: el terrorismo.

La diferencia entre la izquierda y la derecha es que la primera ha querido aprovecharse y ha instigado las manifestaciones callejeras contra la política del Gobierno, y sus líderes se han colocado detrás de las pancartas cuando opinaban que el Parlamento no era suficiente para derribar al Ejecutivo. Es lo que hizo Zapatero con el Prestige, la Guerra, el decretazo..., aprovechar el cabreo ciudadano contra Aznar para tomar la calle. Es más, instigar a la violencia, provocar los ataques a las sedes del contrario, las pintadas, las agresiones personales... La derecha no hace eso. No sabe hacerlo. Rajoy estuvo presente el pasado sábado en la manifestación porque se trataba de una manifestación de víctimas del terrorismo contra la negociación con ETA, y fue una demostración de civismo. Pero, fíjense, Rajoy no va a estar el próximo sábado 18 en la manifestación convocada por el Foro Español de la Familia, que piensa congregar a medio millón de personas en defensa de esta institución contra la política del Gobierno de desvirtuar la figura del matrimonio. Y no va a estar porque no debe de estar. Los políticos deben permitir que la sociedad civil hable a su manera, sin intentar manipularla y, mucho menos, sin provocarla.

Y eso no es lo que ha hecho la izquierda tradicionalmente en España, ni lo que hace actualmente. La izquierda, al menos la que gobierna, solo entiende la democracia en la medida que les beneficia a ellos mismos, y procuran por todos los medios obstaculizar la alternancia en el poder, la posibilidad de que el centro-derecha se haga con el mismo por voluntad popular, de ahí que poco a poco la línea que separa a Zapatero de Hugo Chavez sea cada vez más difusa. Esa fue la razón que llevó, en su momento, al Golpe de Estado de 1934. Esa es la razón para que continuemos viviendo en un entorno de división y enfrentamiento provocado por un Gobierno convencido de que de esa situación obtendrá réditos electorales. En una carta a Erasmo de Rotterdam en 1554 Juan Luis Vives afirmaba que “estamos pasando tiempos difíciles, en que no se puede ni hablar ni callar sin peligro”. Es nuestra Leyenda Negra, esa que tanto contribuyó a extender Bartolomé de las Casas. ¿No sabemos vivir sin enfrentarnos? Es posible pero, al menos, deberíamos intentarlo.

Federico Quevedo

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | POLITICA | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

¡Magnífica bitácora, Federico! La he descubierto por casualidad... y ha sido una agradable sorpresa.
Tus comentarios son correctísimos y sin acritud, algo no demasiado corriente en la blogosfera. Lo que ya es un poco más corriente, es que gentes liberales ocupen su espacio en este medio.
Con tu permiso, será otra de las bitácoras que leeré a menudo, y de la cual pondré el enlace en la mía.
Saludos liberales.

Rabbateur | 11-06-2005 20:47:46

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