Lunes, 06 de junio de 2005
No se quién escribió aquello de que “mañana es el monte del diablo, el favorito refugio de la inepcia y la pereza, la sima que se traga los proyectos esbozados y las resoluciones demoradas”, pero tenía más razón que un santo aunque, por añeja, la frase suene un tanto desfasada: el PP no está sabiendo aprovechar la oportunidad que se le brinda Lo resumiré en unas pocas palabras: hace un año y pico que gobierna José Luis Rodríguez Zapatero y, al contrario de lo que suele ocurrir cuando un partido acaba, practicamente, de alcanzar el poder, no sólo no ha conseguido convencer a más gente de la que le votó el 14 de marzo de 2004, sino que ha empezado a desilusionar a muchos de aquellos que esa noche de impacto le gritaban en la calle: “¡No nos falles!”.
Y eso sin que los ‘chicos’ de Mariano Rajoy se hayan puesto las pilas, porque llevan el mismo año y pico a la defensiva y con el único discurso –y entono el mea culpa por haber caído en la agotadora insistencia- del modelo de Estado como telón de fondo de una oposición que, al igual que el Gobierno, vive de la inercia. Razones para que muchos de los votantes socialistas de ese día crean hoy que Zapatero no entendió el mensaje, sobran, pero si bien es parcialmente cierto el dicho de que las elecciones las pierden los gobiernos, no lo es menos que la oposición tiene en su mano, por un lado, el papel fiscalizador de la acción gubernamental y, por otro, el de ilusionar a los ciudadanos con un proyecto alternativo. El PP de Mariano Rajoy ha demostrado una eficacia probada en lo primero, pero brilla por la ausencia de lo segundo.
Sería interesante saber que resultados ofrecería la encuesta del CIS si además de reflejar un inusitado desgaste por parte del Gobierno, la oposición hubiera conseguido ilusionar a una ciudadanía singularmente adormecida. Porque no vale con que sepamos que la estabilidad política está garantizada por la presencia de uno u otro partido. Ni que el PP guarda el tarro de las esencias de aquellos consensos básicos que alumbraron la Constitución y la Democracia. Ni que, por supuesto, Rajoy & Cia se mantienen firmes en los principios del Pacto Antiterrorista. Ni que el PP es capaz, ya lo sabemos, de gestionar la educación, la sanidad, la economía...
Hace falta algo más. Aznar se fue más preocupado por su propio papel en la Historia que por dejar resuelto el mayor de los retos de nuestra democracia: su propia regeneración, que él mismo prometió. Y a tenor de lo visto no parece que el Gobierno de Zapatero de pasos en esa dirección, sino más bien en la contraria. La realidad es que el momento que estamos viviendo ha puesto en manos de Mariano Rajoy la oportunidad de abandonar el inmovilismo al que por una decisión personal condujo Aznar a su partido y asumir un compromiso por la regeneración, liberándose la derecha de sus propios complejos y obligando a la izquierda a sacudirse los suyos y, ya metidos en la harina de la reforma constitucional, dejarnos de tonterías y afrontar lo que en aquellos años no fue posible porque había que cerrar demasiadas heridas y asumir muchas exigencias.
Ese compromiso debería tener cuatro pilares firmes. En primer lugar, una total liberalización de la economía que limite el papel del Estado al de árbitro y legislador. Un segundo pilar debe ser la reforma de la Justicia dirigida a la plena separación de poderes. Es una reforma compleja, que entre otras cosas debería incluir demandas sociales como la eliminación del Jurado y el cumplimiento íntegro de penas para delitos que van más allá de lo que la sociedad puede perdonar, como la pederastía, los delitos sexuales, la violencia de género o el terrorismo. Un tercer pilar implicaría el cierre definitivo del modelo territorial, reforma del Senado incluida, y el cuarto una reforma de la Ley Electoral que otorgue a los partidos la representación política que les corresponde en función de su apoyo electoral. En definitiva, se puede apostar por el futuro o caer en la indolencia, y esa corta distancia entre lo uno y lo otro es la que puede separar al PP de ganar o perder las elecciones.
Federico Quevedo
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | POLITICA | Comentarios (1) | Referencias (0)
Yo les sugerí que impulsen la creación de un sindicato y una caja laboral entre funcionarios y militantes.
Desconozco si habran recogido esa propuesta.
Parece que ser sindicalista de derechas no es políticamente correcto, pero en otros países funciona.
También en eso vamos a ser diferentes???
Con una caja de funcionarios, se recuperaría un poco la conciencia perdida entre muchos funcionarios de pertenecer a algo común, aunque sea un plantemiento muy crematístico, pero creo que cuando las pelas de uno pueden estar en peligro, los peligros colaterales pueden visionarse más cercanos.
MSA | 13-06-2005 00:53:31
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