Lunes, 16 de mayo de 2005
Cualquiera de nosotros que viviera más o menos intensamente la transición española recordará que aquellos años desde la muerte del dictador hasta la instauración de la Democracia no fueron fáciles. Hizo falta mucho esfuerzo de consenso y de concordia política para aunar criterios, y mucha generosidad por parte de todos para alumbrar aquel Proyecto de Reforma Política que logró una aplastante mayoría en referendum, alumbrando el primer gobierno democrático de la UCD liderada por Adolfo Suárez. Treinta años después, algunos de aquellos viejos conflictos que entonces se superaron vuelven a reeditarse, y es importante tener esto en cuenta porque nunca un país puede decir que ha superado todos sus fantasmas. A la vista de lo que ocurre estos días en España es evidente que eso no es así. Una lección que sirve de ejemplo para otros países en los que se vislumbran procesos de transición similares al ocurrido en España, como Cuba, donde será a la muerte de Fidel Castro cuando se produzca la democratización del país, una democratización controlada y en la que todas las partes deberán hacer esfuerzos generosos por el consenso, si se quiere evitar un enfrentamiento civil que acabe en un baño de sangre. Es cierto que Cuba no tiene los mismos problemas territoriales que tiene España, ni siquiera los mismos problemas de terrorismo o de inmigración, aunque, sobre esto último, todo llegará porque Cuba es un país que en el momento en que se produzca la liberalización económica registrará tasas de crecimiento espectaculares, dadas sus principales características como destino turístico y país productor.
El principal problema en la transición cubana serán los ánimos rebeldes de los castristas más radicales. A diferencia con el final del franquismo, donde una tecnocracia perfectamente dirigida desde el poder prácticamente acabó con los grupos fascistas que hasta ese momento garantizaban las esencias del Movimiento, en Cuba sigue habiendo un régimen puramente represor en manos de militares y paramilitares que pueden verse abocados a la resistencia revolucionaria si se sienten desplazados en la transición a la democracia. Por desgracia, los cubanos, durante toda su historia, han convivido y se han alimentado de un espíritu belicista que ha desechado toda posibilidad del ascenso de dirigentes reformistas, más equilibrados, y no es descartable que castristas y anticastristas radicales acaben resolviendo sus diferencias con violencia. Esta es otra diferencia respecto a España, donde los propios ciudadanos rechazaron las actitudes frentistas y vengativas de quienes pretendían ajustes de cuentas con el franquismo y sus contrarios fascistas.
Además, en España se hizo algo que ha servido de ejemplo y ha sido admirado por los historiadores en todo el mundo: la utilización de las propias leyes de la dictadura para acabar con ella, una forma de hacer las cosas que evitó enfrentamientos entre unos y otros. Eso fue posible, también, gracias a que el franquismo permitió el ascenso de una clase media acomodada, cosa que no ha ocurrido en la dictadura castrista: cuando, obligado por la crítica situación económica de la caída del comunismo en los países del Este, el régimen permitió la iniciativa privada y el uso liberado del dólar y las divisas extranjeras, no tardó en aclarar que eran sólo medidas circunstanciales, aunque algunos creyeron que ya no habría marcha atrás y se equivocaron. Sin embargo, y al contrario de lo que ocurrió en los últimos años en España, Cuba cuenta con una población en el exilio muy importante, especialmente la afincada en Estados Unidos, y esa población sí puede decirse que en su mayor parte goza de una posición acomodada y está deseando volver a la isla en tiempos de democracia y libertad.
Pero, quizás, lo más importante sea el acuerdo entre todas las fuerzas políticas para lograr el respeto por parte de todos a aquellos temas considerados de Estado. Hablamos de la Política Exterior, la separación de poderes, la iniciativa privada, la política educativa... Se trata de los consensos básicos que hicieron en España que durante tres décadas camináramos en una misma dirección –esos consensos que ahora han dado paso a la mayor de las confrontaciones políticas-, y consolidaron los cimientos de la paz, la libertad y la democracia. “Sea por una razón u otra, lo realmente preocupante es que un gobierno que gane democráticamente las elecciones pueda utilizar la mayoría circunstancial que le dio el poder para hacer gobierno contra la oposición” (H.G. Quintana). Un gobierno, sea del partido que sea, debería tener en cuenta que sus adversarios políticos son sólo eso, “adversarios”, nunca enemigos a los que destruir. Esta es otra de las lecciones que debe aprender la sociedad y la clase política cubanas para cuando llegue el momento de la transición. Los políticos deben ser conscientes de que las mayorías son siempre circunstanciales. Como escribe H. G. Quintana en su blog Cubilete, “no se debe permitir que un pueblo sufrido, esperanzado en descubrir un futuro diferente, se deje fustigar por una irresponsable tradición revolucionaria que impida una vez más el derecho de los cubanos a la libertad”.
Federico Quevedo
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | INTERNACIONAL | Comentarios (0) | Referencias (0)
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