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Lunes, 16 de mayo de 2005

Días de dolor y rabia

Carlos, Daniel y Gloria representan a todas las víctimas, y familiares de las víctimas del terrorismo que sufren y han sufrido la incomprensión de parte de una sociedad que antepone la consecuención de sus objetivos a la vida humana. Vaya en su honor y en su memoria estas líneas en un momento en el que la dignidad de las víctimas está a punto de ser pisoteada

Aquel día de febrero en Amorebieta amenazaba frío y la oscura madrugada daba cuenta de un cielo encapotado por las nubes. Vibró el despertador una, dos veces, y a la tercera en la cuenta de Carlos –la quinta o la sexta en la cuenta real-, este alargó la mano para ensordecerlo y no despertar al pequeño Daniel que dormía en la cuna a los pies de la cama. Gloria se dio la vuelta, perezosa. A ella le sobraban todavía unos minutos de sueño mientras su marido preparaba café y tostadas en la cocina. El tiempo justo para soñar una vez más que dejaban el pueblo destino Madrid para ver crecer a Daniel en paz.

--“Hazme un zumo de naranja”, le dijo ella con voz soñolienta.
--“Vale”, contestó Carlos mientras rozaba la mejilla de Gloria con sus labios.

Miró a Daniel al pasar por delante de la cuna. En un ratito se despertaría solicitando ansioso su toma de la mañana. Hacía dos meses que Daniel había venido al mundo, su primer hijo, una razón más para luchar, una razón más para defender lo que también era suyo..., aunque Gloria, la pragmática Gloria, la terca Gloria, prefiriera dejarlo todo y buscar el paraíso de la libertad en otras latitudes. Mientras se dirigía a la cocina recordaba como unas semanas antes les habían reunido en la sede local del partido. A el y a otros concejales como él. Un policía, de paisano, en tono grave, excesivamente grave, les explicó que corrían peligro, que ETA había iniciado una campaña de muerte contra los concejales del PP y del PSE en el País Vasco, que mientras Interior establecía un sistema de seguridad y escoltas debían protegerse con unas mínimas medidas de seguridad. A Carlos se le torció el gesto. “Vaya”, pensó, “cuando se entere Gloria no le va a hacer ninguna gracia”.

*********


A Gloria ya no le hacía ninguna gracia como les miraban sus vecinos, como los del tercero les retiraron un día, de pronto, sin venir a cuento, el saludo. Sólo porque Carlos dejó la tienda, hacía tres años, en manos de un primo suyo para incorporarse como candidato a concejal por su pueblo. Llevaban toda la vida viviendo en Amorebieta, los dos habían nacido en Amorebieta. Y ahora se sentían extranjeros en su propia tierra. Empezaron los insultos por la calle, las pintadas en la puerta de casa y la verja de la tienda, hasta que tuvieron que cerrar porque ya nadie iba a comprar allí, y el que iba lo hacía medio a escondidas, como haciendo un favor, atemorizado... Pero el día en que la foto de Carlos apareció en medio de una diana y encima la palabra prohibida, la expresión del terror, ETA...

--“¿Por qué lo haces?”, le preguntó Gloria.
--“Por nuestra libertad. Porque merece la pena luchar si el premio es la paz y nuestra tierra”, contestó Carlos.
--“Pero si no nos quieren...”, añadió Gloria. “¿Y si te matan?”.
--“Habrá otros que ocuparán mi sitio. Pero tranquila, no dejaré que me maten”.

*********


Aquella mañana fría de febrero Gloria tomó en brazos a Daniel y se acercó a la ventana. Como cada día, Carlos bajó las escaleras, las únicas escaleras del edificio de cuatro plantas. Se asomó. No había nadie. Como cada día cruzó la calle en dirección a su coche con el que iba a trabajar a la fábrica de herramientas como contable. No le gustaba, pero necesitaba el dinero para pagar la hipoteca de una tienda cerrada que nadie quería. Se volvió y levantó la mano en señal de saludo. Gloria le envió un beso, el se lo devolvió... e introdujo la llave en la puerta del pequeño Citroen aparcado en la acera de enfrente. “Oh, Dios mío”, pensó Gloria, “no ha mirado debajo”. Algo le empezó a quemar desde el estómago hasta la garganta... Carlos intentó, sin éxito, arrancar el coche, miró a Gloria en la ventana, sonrió, pero volvió la cabeza y no pudo ver como el rostro de su joven esposa se desencajaba por el grito: “¡NOOOOOOOOOOO!”. Una luz cegadora iluminó el todavía oscuro amanecer de aquel frío día de febrero en Amorebieta. Los cristales de las ventanas saltaron en pequeños trocitos mientras Gloria escondía al pequeño Daniel entre sus ropas y caía con él al suelo en un mar inmenso de dolor, impotencia... y después lágrimas, muchas lágrimas.

*********


Han pasado los años. Daniel ha crecido entre el amor de su madre y la ausencia de un padre del que lo va sabiendo casi todo porque Gloria le duerme cada día contándole como era Carlos, como le quería Carlos, como ella amaba a Carlos... y como Carlos dio su vida, como otros muchos, para que él pudiera algún día vivir en un País Vasco libre y en paz, sin la amenaza del terrorismo, sin entregar ni un milímetro de terreno a los violentos, sin ceder a su chantaje, sin agachar la cabeza, sin perder la dignidad... Pero hoy Gloria está preocupada. Muy preocupada. “¿Habrá servido de algo la muerte de Carlos?”, se preguntaba continuamente y preguntaba a otras víctimas que, como ella, volvían a sentir el dolor de la incomprensión y la mirada turbadora y enhardecida de quienes les habían quitado lo más precioso de sus vidas. Durante los últimos años creyó, creyeron, que el fin de ETA podía ser real, y sin cesiones, porque las muertes de los suyos ya había sido un precio excesivamente elevado como pago por la paz. Pero ahora vuelven las dudas, los miedos, la intranquilidad... Abrazada a Daniel, ya dormido, Gloria mira atenta la televisión. El presidente Rodríguez habla desde la Tribuna del Congreso. Responde al portavoz del PNV, Josu Erkoreka. Y entonces escucha la frase: “Vamos a buscar el fin de la violencia, tengamos que arriesgar lo que tengamos que arriesgar”. Y las lágrimas, esas lágrimas que ya había conseguido retener para dejarlas salir solo en los momentos más íntimos, volvieron a surcar sus mejillas impulsadas por el dolor y la rabia.

Federico Quevedo

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | General | Comentarios (3) | Referencias (0)

Comentarios

¡BRA-VO!

Diegonzález | 17-05-2005 13:58:59

Admirable artículo. Plas, plas, plas y me quito todos mis sombreros. Un placer leerte.

Astur-Leones | 17-05-2005 16:20:19

Me parece muy emotivo. Muy bonito, claro directo.
Yo tb sufro por las víctimas del País Vasco.

Pero tú lo haces para q voten a tu partido.
Me parece muy mal lo que estás haciendo. Fragmentas y cripas, con estos textos obligas a la gente a tomar bandos en una lucha en la que debieramos estar unidos.

hermandad

Anónimo | 01-08-2005 12:07:19

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