Martes, 10 de mayo de 2005
Dejemos meridianamente claro que lo que desde hace meses sucede en Iraq no puede llamarse ni resistencia ni insurgencia sino, simple y llanamente, terrorismo. En Europa tenemos un ejemplo no muy lejano de verdadera resistencia: la que ejercieron fundamentalmente los franceses ante la ocupación nazi. La resistencia no busca víctimas civiles, sino que provoca bajas entre las fuerzas de ocupación procurando evitar el daño a sus propios compatriotas, aunque a veces los ‘efectos colaterales’ sean inevitables. Pero este no es el caso en Iraq. Allí los terroristas provocan auténticas matanzas entre la población civil con un único objetivo, el mismo que ha movido a los terroristas desde siempre, el de evitar que triunfe la democracia porque en sí misma implica el fin del fundamentalismo y, por lo tanto, del totalitarismo en que éste se fundamenta. Los objetivos que marca Al Zarqawi a sus comandos en suelo iraquí no son militares, sino civiles, con el fin de causar el mayor número de muertos posible y con un objetivo claramente desestabilizador. No puede decirse que un coche bomba en medio de un mercado en Bagdad o Mosul sea una acción insurgente, sino más bien puro terrorismo porque el objetivo es evidentemente civil, no militar. El triunfo de la democracia en Iraq tendría inevitables consecuencias en el resto de Oriente Medio para el terrorismo fundamentalista que tiene su caldo de cultivo en la intolerancia del fanatismo. De ahí que, además de Al Qaeda, sean varios los estados interesados de la derrota de la democracia en Iraq.
En un artículo publicado en Foreign Affairs, el profesor y experto en asuntos árabes Fouad Ajami explica que los dirigentes sirios han estado esperando el fracaso del proyecto estadounidense en Iraq al tiempo que intentaban apoyar por todos los medios posibles a la insurgencia en el país vecino manteniendo la ficción de la neutralidad para evitar así cualquier tipo de confrontación con la Administración Bush. Pero todo el mundo sabe, dice Ajami, que árabes jihadistas de Yemén, Arabia Saudí, Egipto y Jordania han viajado a Mosul y al triángulo suní desde Siria. Para Ajami, no hay dudas de que los sirios creyeron que la Pax Americana en Iraq les podía significar un ajuste de cuentas y un buen negocio: cambiar Iraq por Líbano. Los sirios pensaron que dando su propia versión de la cooperación en la frontera de Siria con Iraq el mundo aceptaría su propio dominio sobre Líbano. Por suerte para la estabilidad en la zona, no ha sido así, y Siria no ha tenido más remedio que retirar sus tropas del Líbano, pero mantiene el apoyo a los terroristas iraquíes. Lo cierto es que los cambios en Iraq son muy tenues y no permiten avanzar en el optimismo hacia la verdadera democratización de la zona. Aquellos que buscan que la democracia eche raíces y se multiplique por los países árabes deberían cambiar su enfoque de meras declaraciones políticas –como las que se producen en capitales árabes y occidentales- para dar espacio a acciones locales y menos glamurosas, explica Rami Khouri, un colaborador habitual de The Daily Star. Lo cierto es que la mayor parte de los regímenes que controlan los países árabes optan por llevar a cabo cambios políticos y económicos superficiales que no modifican la concentración de poder en manos de la élite tradicional. Los cambios son puramente cosméticos y la toma de decisiones sigue en manos de un puñado de personas.
“En Oriente Próximo pocos países han introducido reformas políticas que lleven a sus naciones a una incipiente institucionalización democrática que permita superar los regímenes personalistas. Hoy, tras el preocupante informe de desarrollo humano en el mundo árabe emitido recientemente por Naciones Unidas, vemos algún tímido esfuerzo pero insuficiente, en países como Jordania, Qatar, Egipto y Marruecos, por ejemplo”, explica Gustavo de Arístegui, uno de los mayores expertos islamistas con que cuenta nuestro país. A pesar de los avances que se han producido en la región, como la retirada siria del Líbano y la formación de un nuevo Gobierno en Iraq, la democracia en Oriente Medio está aún muy lejos de materializarse, como explica Mitchel Reiss, que fuera director de planeamiento político en el Departamento de Estado Norteamericano. Reiss señala el terrorismo como herramienta de expresión política, las economías moribundas, la pobreza y las carencias educativas, así como la deplorable situación en las condiciones de vida de las mujeres, como elementos que evidentemente obstaculizan el avance de la democracia en estos países. Lo que está en juego en la zona es la propia supervivencia de una concepción totalitaria del poder, y evidentemente sus defensores van a ejercitar la autodefensa frente al avance de la democracia. El terror necesita de esa situación límite en estos países para autoalimentarse. De ahí que la democratización sea tan importante, también para nuestro propio futuro como sociedad.
Federico Quevedo
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | INTERNACIONAL | Comentarios (1) | Referencias (0)
bueno segun lo que veo este tema de la democracia es un de lo valores principales, por que esto es lo que nos hace iguales, pero lamentablemente no lo ponemos en practica, yo creo que esto nos tiene que hacer refleccionar y pensar en el furtuto de nuetro pais donde vivimos
Edgar | 28-10-2005 05:28:14
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