Lunes, 09 de mayo de 2005
Vaya por delante mi convencimiento, y lo digo tal y como me sale del alma, de que sería bueno para nuestro país que el actual Gobierno del presidente Rodríguez consiguiera enderezar lo más posible los torcidos renglones de nuestras relaciones con Estados Unidos. Pero, dicho eso, ¡hay que ver que ejercicio de cinismo y de hipocresía el de nuestros gobernantes! Nos hemos pasado los últimos dos años poniendo a los norteamericanos de vuelta y media, y ahora nos morimos por estrechar relaciones. Todavía recordarán aquella famosa imagen de Zetapé sentado, en un gesto pretendidamente ofensivo, al paso de la bandera de Estados Unidos en el Desfile de las Fuerzas Armadas de octubre de 2003. La misma bandera de la que el pasado jueves el ministro Bono dijo que los españoles le rendíamos honores “emocionadamente” porque “representa el amor a la libertad”. Y eso lo dice un ministro de un Gobierno del PSOE, del mismo PSOE cuyos militantes y simpatizantes unos meses antes quemaban esas mismas banderas en las manifestaciones que recorrían España contra Aznar, contra Bush y contra la guerra de Iraq, esa guerra de la que los voceros progresistas afirman que fue “ilegal”, como si hubiera alguna guerra que fuera legal, o al menos a mí todavía nadie me ha podido nombrar una sola. Pues bien, de pronto ahora los norteamericanos son lo mejor de lo mejor, y no hay ministro socialista que no quiera darse una vuelta por el país de los rascacielos para hacerse unas fotos en Manhattan, a ser posible con un pin de la bandera de las barras y las estrellas colocado en la pechera.
Miren, si no, al ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, hablando de lucha contra el terrorismo nada menos que ante el Américan Enterprise Institute, un think tank conservador muy influyente en la actual Administración. Vendría a ser lo mismo que una conferencia de López Aguilar en FAES pero, ¿a que eso ni se lo imaginan? Es curioso, sin embargo, como la izquierda española se ha debatido siempre entre una rendida envidia al modelo de vida norteamericano, y no ha ocultado su admiración hacia algunos de los intelectuales que lo representan –como Woody Allen o Michael Moore en nuestros días-, y la crítica más exacerbada e incluso violenta a ese mismo estilo de vida, quizás porque lo que realmente envidia la izquierda es el liberalismo que impregna a esa sociedad, con todos los errores que a lo largo de la historia han cometido, entre ellos la existencia de la pena de muerte. Y añado esto último porque luego siempre hay quién dice que solo veo el lado bueno. Pero lo cierto es que, probablemente, lo que más le duele a esta izquierda nuestra es que sus admirados intelectuales norteamericanos no aguantarían ni tres minutos bajo un régimen como el de Fidel Castro, porque si hay algo en lo que la mayoría de la sociedad norteamericana está de acuerdo es en considerar a los regímenes socialistas como enemigos de la libertad, al igual que los fascistas, sin distinción. Me anticipo a los que me recordarán como contribuyó Washington a aupar al poder y sostener a algunos de esos regímenes fascistas, pero entonces el escenario de la guerra fría era distinto, e igual que contribuyó a levantarlos ha contribuido, después, a hundirlos.
Lo cual viene apropiadamente al caso porque en aquellos tiempos de la guerra fría uno de los regímenes que Estados Unidos ayudó a sostener, económicamente, fue el franquismo. Viene al caso porque la política exterior española, en aquella época, se caracterizaba por las buenas relaciones y el apoyo a las dictaduras latinoamericanas, tanto de izquierdas como fascistas –Franco se entendió con Castro casi mejor que con Pinochet-, así como a los gobiernos populistas como el de Perón, y la limitación de nuestra diplomacia con Estados Unidos a los asuntos militares, por el especial interés estratégico que tenía la Península Ibérica para los norteamericanos en aquellos –y estos- momentos. Pues bien, casi treinta años después, volvemos a tener una situación parecida. No deja de ser curioso que el Gobierno de Rodríguez utilice al ministro de Defensa, José Bono, para definir el marco de relaciones diplomáticas entre los dos países, toda vez que a pesar de que Curro Moratinos diga lo contrario su nivel de entendimiento con Condoleezza Rice es prácticamente inexistente, y por esa vía parece difícil acertar en lo correcto. España sigue siendo un país estratégicamente necesario para Estados Unidos, por lo que Washington nunca hará casus belli de los desplantes de Zetapé ni de las malas relaciones con Madrid desde que Rodríguez aposentó sus reales en el Palacio de La Moncloa.
Es decir, que Estados Unidos ha vuelto a situar su nivel de interés diplomático con España en el terreno militar. Al mismo tiempo, nuestra diplomacia se caracteriza por la prioridad que Madrid da a las relaciones con la dictadura de Castro, el régimen bananero de Hugo Chávez en Venezuela y el populismo del argentino Néstor Kirchner –el Cuarteto de Ipanema-. Hemos dado un paso atrás de treinta años después de haber ido ganado terreno a lo largo de ese periodo hasta habernos convertido en un país de primer nivel en las relaciones internacionales. Y fíjense: que España consiguiera ser un país tenido en cuenta ha sido labor de muchos antes de que llegara Zetapé al poder, entre ellos algunos destacados políticos socialistas como Francisco Fernández Ordóñez y Javier Solana, por no hablar de los gobiernos de Suárez y Calvo Sotelo y, también, de José María Aznar.
Hace más de un año, la presencia en aquel país de los ministros de Defensa y de Justicia hubiera sido objeto de reseñas y artículos en los medios más importantes del otro lado del Atlántico. Bono y López Aguilar han pasado desapercibidos para los medios norteamericanos, por más que al ministro de Defensa le hubiera faltado un suspiro para gritar eso de “¡God bless América!” y a López Aguilar otro para entonar el himno a la bandera que “ondula sobre la tierra de la libertad y el hogar de los valientes”. Lo peor de estas cosas es que hacemos el ridículo a los ojos del mundo porque para llevarse bien con EEUU tampoco hace falta suplicar sus favores. En cierta ocasión Churchill fue a pedirle un favor a Roosevelt: “Qué quiere que haga -le dijo- ¿sentarme sobre las patas traseras y suplicar como Fala?” (Fala era el perro de Roosevelt). España ya no es importante para los americanos y esa no es, aunque a algunos nostálgicos de la utopía socialista se lo parezca, una buena noticia.
Federico Quevedo
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | POLÍTICA EXTERIOR | Comentarios (2) | Referencias (0)
Y que lo digas, pasaran años para mantener unas minimas relaciones con EEUU, y nos quieren vender la moto de que todo va bien, nunca mejor dicho que va bien mal. Por ciero cuando se vuelvan a restablecer, tal vez no sera con el Nombre de nuestro pais, osea ESPAÑA, a este paso no acabamos ni la legislatura.
Lucas Deyá | 09-05-2005 22:37:39
Lo cierto es que hemos perdido la gran oportunidad de ser un país importante, y volvemos a la situación de hace treinta años, cuando no pintábamos nada en la escena internacional
Federico Quevedo | 10-05-2005 13:46:35
La Trinchera pretende ser un espacio de libertad para todo el que comparta una visión humanista y liberal de nuestra sociedad, desde el respeto a todas las formas de pensamiento que no pretendan convencer a través de la imposición
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