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Miércoles, 04 de mayo de 2005

La cena de los idiotas

La última de José Blanco, Pepiño para los amigos y Blanquito para los no tanto que recuerdan su paso por el PSOE lucense, no deja lugar a dudas: este Gobierno y el partido que lo sustenta debe tomarnos por idiotas al resto de los ciudadanos de este país, y lo peor de todo es que lo hacen con una tranquilidad pasmosa, como si no pasara nada. A mi Zetapé me recuerda al listo de aquella película francesa que da título a este artículo que todas las semanas invitaba a cenar a su casa a un supuesto idiota para reirse a su costa. Me lo imagino en el Consejo de Ministros partiéndose ese casto lugar en el que termina la espalda tras la última gracia de Pepiño o Blanquito, como ustedes gusten más, dicha, eso si, en tono de lectura de tesis doctoral ante el jurado: que Fraga ha adelantado las elecciones gallegas al 19 de junio para que los jóvenes no puedan votar porque están de exámenes. Y se ha quedado la mar de bien, no se crean. Nunca pensé que ejercer el derecho al voto era un obstáculo para los estudios por la de tiempo que lleva eso de acercarse al colegio electoral, pasarse horas y horas delante de la papeleta en un éxtasis democrático sin precedentes, para, al final, doblar cuidadosamente la lista –proceso que en algunos casos puede ser lamentablemente largo-, introducirla en el sobre y acercarse a la urna donde normalmente los interventores vienen a tardar más o menos un par de horas en encontrar al sujeto y decir eso de “¡vota!”. Yo, la última vez, me lleve el saco de dormir y un taper con la tortilla, por si había de hacer un indeseado camping a la vez que ejercitaba el derecho al voto.

Pero Pepiño o Blanquito, que acostumbra alumbrar sesudas reflexiones que dejan corta la psique de grandes de la filosofía, no es el único empeñado en tomarnos por el pito del sereno, con perdón. El propio Zetapé ha sido, y no pocas veces, un auténtico maestro en el arte de hacer que a los demás se les quede cara de pazguatos o bobalicones ante la osadía de su estrechez argumental. Lo bueno de Zetapé, sin embargo, es que consigue que la mayor estupidez parezca, dicha en su boca, todo un tratado de ciencia política. Si Rajoy llega a decir aquello de la “alianza de civilizaciones” se hubieran reido de él en las antípodas, pero lo dice Zetapé con esa cara de no haber roto nunca un plato, y es hasta angelical. Claro, con ese rostro imperturbable y esa armoniosa sonrisa puede afirmar sin inmutarse que nunca ha habido contactos con ETA o con Batasuna, o que no hay motivos para ilegalizar al PCTV, mientras a sus espaldas se ven los del PSE y Batasuna todos los días y encima de su mesa hay informes con más motivos para ilegalizar al PCTV que a la propia ETA. Y los demás, los invitados a la cena, le miramos embobados, como si estuviéramos asistiendo a un espectáculo de prestidigitación de David Copperfil o Juan Tamariz. ¿Ustedes se acuerdan de aquella vez que dijo, así, sin anestesia, que la igualdad de sexos era la mejor manera de luchar contra el terrorismo internacional? Y lo dijo allí, a los pies de la zona cero en Nueva York, donde murieron más de 3.000 personas.

Cara dura, desde luego, no le falta. Como tampoco le falta para afirmar, sin pestañear siquiera, que vender ocho patrulleras y doce aviones de combate a Hugo Chávez no es vender armas, sino contribuir a la paz universal. O aquella vez que dijo que España volvía al corazón de Europa, cuando no se había ido nunca. Y los demás, así, a verlas venir, esperando la siguiente boutade de un presidente encorsetado en el márketing político de lo gestual y la frase lapidaria. ¡Pero que bien lo hace, coño! ¿Se imaginan a un ministro de Felipe González diciendo que “estamos manejando el dinero público, y el dinero público no es de nadie”? Pues eso lo ha dicho la ministra de Cultura, doña Carmen Calvo dixi y pixi. Y es que ya desde los inicios apuntó maneras. ¿Se acuerdan de aquello del IVA cultural y como se puso la UE? Pues no fue nada comparado con aquella otra de rememorar la estacia de Miguel de Cervantes en Marruecos. En el reino alauí todavía están buscando entre sus archivos históricos algún escrito que de fé del paso por el Atlas camino del Sahara en camello de dos jorobas del autor de Don Quijote. No, si ya puestos resulta que el de La Mancha era un beduino en lugar de caballero andante.

De ahí a decir que fue cocinera antes que “fraila”, no había mucho trecho, pero si en lugar de Carmen Calvo se hubiera llamado Esperanza Aguirre habrían hecho un especial de Caiga Quién Caiga dedicado en exclusiva a provocar la hilaridad a chorros. No les digo nada si a don Francisco Álvarez Cascos, siendo ministro de Fomento y Vivienda, se le ocurre decir aquello de que una vivienda de 25 metros cuadrados es “digna”, al tiempo que con dinero público se arregla un despachito estilo Zen con hilo musical chill out y, también con fondos del presupuesto, se arregla un nidito de 280 metros cuadrados en plan duplex a tutiplén de los que quitan el hipo y ligas lo suyo. ¡Ah!, claro, que el dinero público no es de nadie, al menos hasta que llegaron estos muchachos del ánsia infinita de paz y el amor a los humildes, con pañuelos de Loewe como el que el otro día llevaba puesto Maritere de la Vega, de esos de a no menos de 100.000 de las antiguas. Querrá que la vuelvan a sacar en Vogue. A Cascos le habrían dedicado no menos de trescientos editoriales de El País y varias manifestaciones bajo el lema “Para ti los 30 metros y el despacho pa los pobres”, encabezadas por Zetapé, Llamazares y Pilar Bardem que se apunta a todas, venga o no a cuento, si el objeto de la protesta es alguien del PP.

“Yo tengo la mejor hoja de servicios de lealtad como dirigente político desde la transición”, dice Zetapé. ¡Que va!, desde la Transición no, desde los Reyes Católicos, ¿para que quedarse cortos? Claro que Chirac cuando pierda el referendum de la Constitución y Schroeder las elecciones legislativas le van a recordar aquella otra de “la Vieja Europa está como nueva”, eso sí, tras pasar la ITV. Más le valdría estarse calladito. En doce meses de Gobierno, Luis Díez Jiménez tendría material para llenar, al menos, un par de volúmenes de sus famosas Antologías del Disparate. Pero, lo peor, es que los ciudadanos asistimos desasistidos a semejante alarde de tomadura de pelo continuida, y hay hasta quién se cree todo lo que sale del intelecto de un presidente que prefiere leer libros de autoayuda a literatura sana y juiciosa. No me digan, ¿cómo puede alardear un presidente del Gobierno de leer un libro que se titula Como cambiar el mundo? Claro, que leyendo en la reseña de tan trascendental obra para la humanidad que se trata de un libro sobre "individuos que un día tuvieron una visión y no descansaron hasta lograr su objetivo", uno empieza a preguntarse si esto que estamos viviendo es real, o una pesadilla, porque si este hombre piensa gobernarnos a golpe de manuales escritos con intención de ser best sellers entre quienes no han leido ni un poema de Machado, y encima le dejamos, es que somos, irremediablemente, idiotas. Y perdónenme, pero es que se me llevan los demonios. Si Cervantes levantara la cabeza...

Federico Quevedo

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | POLITICA | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Gracias por este post. El desánimo nos está invadiendo a todos, y eso no es bueno. Nos sentimos como esos niños buenos a los que el pillo del barrio les roba la merienda, y con ella se llevaba la admiración de los otros chiquillos. Si los mansos no ponen la energía para defenderse, los injustos vencerán.

Hay que pasar a la acción individual!!!

Toledano | 05-05-2005 21:33:24

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