Martes, 03 de mayo de 2005
Hace unos años, más de una década, entre mi círculo de amistades se encontraban Ángel y Gustavo. Ángel era, y es, actor, y todavía hoy hace sus pinitos en la pequeña y gran pantalla con papeles secundarios, en algunos casos de galán, mientras compagina su vocación de actor con otros menesteres que le aportan ingresos algo más fijos. En cierta ocasión vino a verme al trabajo, y después el sector femenino no hacía más que preguntar quién era y si podía darles el teléfono, pero las desengañé. Gustavo era, y supongo que lo seguirá siendo, tenor, y muy bueno, por cierto. Ángel y Gustavo, lo han adivinado, eran gays y, digo yo, lo seguirán siendo. Mi estancia en Valencia durante casi cinco años me llevo a perder el contacto con ellos, pero puedo asegurarles que su amistad me hizo situarme ante la homosexualidad con mucho respeto. En Valencia coincidí durante ese tiempo con un asesor del PP hoy diputado regional de esa formación, Felipe del Baño, de quién supe el pasado miércoles que también era gay porque decidió salir del armario en una entrevista en El Mundo en la que criticaba la falta de talante del presidente Rodríguez, ese que presume de todo lo contrario.
Pues chapeau por Felipe del Baño. Que yo ni lo sospechara, dice mucho en su favor. Del Baño, diputado del Partido Popular, no ha ido por ahí haciendo de su respetable orientación sexual una cuestión pública, ni él ni otros como él en el PP, lo cual debería servir de lección a algunos oportunistas como Pedro Zerolo que han hecho de su homosexualidad un asunto de Estado y mochila para medrar. Zerolo es carne de Salsa Rosa. Y yo se lo que es estar entre gays que respetan tanto la heterosexualidad de uno como uno la homosexualidad de ellos. Ángel y Gustavo podrían dar fé. Como Felipe del Baño. Como tantos otros que lo único que pretendían en esta vida es que se tuviera en cuenta que han elegido otra forma de entender la sexualidad, y que el Estado, que debe mirar por el bien común, les reconociera los mismos derechos civiles que se les reconocen a otras parejas las cuales, por cierto, en muchos casos se van a quedar por culpa del oportunismo sectario de Zetapé al margen de la ley. Porque, en lugar de eso, lo que ha hecho Zetapé ha sido tocarle las pelotas a todo el mundo, y perdón por la expresión, pero viene al caso. Y no deja de ser sintomático de su mal estilo y escaso, por no decir nulo, talante, el que para congraciarse con unos pocos haya armado la de San Quintín y, por ende, puesto en la picota de la intolerancia a los que pretendía beneficiar.
Si lo que pretendía el presidente Rodríguez era resucitar algunas de las actitudes más machistas e intolerantes de nuestra España profunda, lo ha conseguido. Si, de paso, quería poner al PP en el sillón de los acusados –con la inestimable ayuda de algún alcalde ciertamente anquilosado en el neolítico- para escarnio público, diciendo aquello de que “miren a los ojos de los homosexuales” y les digan que no están a favor del matrimonio... etcétera, etcétera, la salida del armario del diputado valenciano ha venido a poner las cosas en su sitio, al igual que la respuesta inmediata de Josep Piqué expulsando del partido al alcalde reaccionario. El PP es un partido de una amplísima base social, y en el militan también colectivos homosexuales los cuales, por otra parte, suelen ser bastante más conservadores de lo que parece una vez alacanzado cierto estatus social. Y si lo que quería Zetapé era poner a los católicos contra las cuerdas, y a los que creemos que la institución familiar es una y sólo una y el matrimonio es lo que es y que nadie se invente fórmulas alternativas, obligarnos a hacer profesión de fé en nuestros principios y valores –como decía Antonio Burgos en ABC, salir del armario como católicos confesos y liberales de pro-, pues también lo ha conseguido.
¿Y de que sirve encabronar a todo el mundo en lugar de haber buscado desde el principio el más amplio de los consensos en un asunto en el que a la mayoría es más lo que le acerca que lo que le separa? Supongo que el presidente Rodríguez es de los que creen que su figura puede crecer en medio de la tormenta, pero la estrategia del ‘divide y vencerás’ está muy vista y puede funcionar una vez, dos si me apuran, pero empieza a vérsele el plumero. Una reforma del Código Civil para aprobar los matrimonios homosexuales, una figura que sólo existe en Holanda y en el Estado de California y que ningún otro país occidental se ha atrevido a legislar, y hacerlo en contra de la mayoría católica del país, de los jueces representandos en el Consejo del Poder Judicial, del Consejo de Estado, de una parte muy importante del Parlamento –y con riesgo de perder la votación en el Senado-, de sectores de su propio partido, de una parte de los propios colectivos implicados que no quieren ser carne de lucha partidaria y hubieran preferido el consenso... demuestra una enorme incapacidad para el diálogo y una perversa motivación en ese afán casi enfermizo de hacer la puñeta que tiene Zetapé, pese a quien pese y caiga quien caiga.
Porque, al final, aunque el concejal Zerolo esté encantado de la vida con lo bueno, guapo y dialogante que es su presi y llene de ósculos el rostro imperturbable de López Aguilar, la realidad es que al colectivo gay no le hace ningún favor el que su particular reivindicación se haya convertido en asunto que supera, con creces, sus propias pretensiones. Porque, además, puede darse el caso de que tanto avance acabe suponiendo un retroceso a cuenta de las enormes lagunas legales que contiene la reforma, a decir de juristas que la han estudiado sin acritud alguna. Y, además, lo que debía ser una norma legal que asumiera la condición de no-matrimonio pero sí pareja con los mismos derechos y deberes de multitud de situaciones particulares, va a beneficiar a unos pocos y perjudicar a otros muchos que coexisten en común armonia, sean o no del mismo sexo, pero que no quieren ni oir hablar de la palabra ‘matrimonio’ para definir su situación, y a los que el Estado tiene también la obligación de reconocerles sus derechos civiles como a todo hijo de vecino. Lo demás, lo que ha hecho Zetapé, es profundizar en ese error en el que suelen caer los presidentes de Gobierno de creer que uno solo tiene la razón y todos los demás se equivocan. Pero, en este caso, además con alevosía y mala sangre por no querer convertir, como decía Rilke, su “muro en un peldaño”.
Federico Quevedo
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | SOCIEDAD | Comentarios (2) | Referencias (0)
Rolando | 03-05-2005 23:36:22
Federico, amigo, no hagas como todos los carcas y te camufles detrás de unos supuestos amigos gay para decir que eres tolerante y luego soltar esas barbaridades. Sólo hay una explicación para los que están en contra del matrimonio homosexual: intolerancia. Que coño de que es una institución...
El hecho de aprobarse la ley significa más que eso, te aseguro que un 85% o más de los homosexuales no se va a casar, pero nos acercará más a una sociedad que, desgraciadamente, sigue mirándonos con una mezcla de miedo e incomprensión. Es que es penoso, "no-matrimonio pero sí pareja con los mismos derechos y deberes", pero si va a ser lo mismo que coño más o da el nombre. Yo lo sé, y creo que todo el mundo.
carlos | 22-06-2005 21:57:21
La Trinchera pretende ser un espacio de libertad para todo el que comparta una visión humanista y liberal de nuestra sociedad, desde el respeto a todas las formas de pensamiento que no pretendan convencer a través de la imposición
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