Viernes, 15 de abril de 2005
“Si con las pruebas que hay ahora se hubiera planteado la impugnación de la lista del Partido Comunista de las Tierras Vascas un mes antes de las elecciones, al mismo tiempo que la de Aukera Guztiak, no se hubieran podido presentar este domingo”. No me lo dice un dirigente del PP –como podría pensar algún listo-, sino un destacado jurista sin adscripción política y experto en Derecho Constitucional. Los mismos motivos que llevaron a la impugnación de AG, son los que ahora rechaza el Gobierno y el fiscal general para hacer lo mismo con EHAK-PCTV. Las pruebas de su vinculación con Batasuna –una organización terrorista, según sentencia del Tribunal Supremo, no lo olvidemos- están ahí; la coincidencia de objetivos, también; y el rechazo a condenar la violencia, es un hecho incontestable. ¿Por qué? Porque EHAK-PCTV forma parte del entramado del Movimiento de Liberación Nacional Vasco, es decir, en román paladino, de ETA.
Estaba todo muy bien pensado, calculado milimétricamente. Mientras Aukera Guztiak desviaba nuestra atención, convencidos como estábamos tirios y troyanos de que Batasuna presentaría una lista blanca a las elecciones vascas, EHAK-PCTV –una formación dada de alta antes de que se aprobara la Ley de Partidos, merece la pena recordarlo- presentaba sus listas de tapadillo, sin que nadie se percatara de que estaba ahí, hasta el momento se saltar a la palestra, con la campaña electoral en sus primeros pasos oficiales y, por tanto, con un estrechísimo margen de actuación por parte de la Justicia. La consecuencia es que, a la espera de los resultados que arrojen las urnas este domingo, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que ETA volverá a estar presente en el Parlamento Vasco. Y lo hará de la mano, perdonen la crudeza, del presidente Rodríguez, que es, en definitiva, quién le ha permitido a Batasuna colar de tapadillo la lista de EHAK, porque así se pactó en las conversaciones secretas que todo el mundo conoce entre Eguiguren y Batasuna, cuando el primero les ofreció presentarse con una lista blanca manchada, eso sí, de rojo sangre. Hace unas semanas le otorgué a Zetapé el beneficio de la duda en la esperanza de que ETA no estuviera presente el domingo. Lo hice con una fundada desconfianza.
¿Por qué? Por cálculo electoral. Les contaré una anécdota que la mayoría desconoce. Cuando se aprobó el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, también llamado Pacto Antiterrorista, el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, en uno de sus excasos encuentros con Zetapé, le dijo que pensaba llevar al Parlamento una Ley de Partidos con el fin de ilegalizar a Batasuna. La respuesta del ahora presidente Rodríguez no fue, como cabía esperar, la de mostrarse de acuerdo y poco más. Zetapé le contestó, más o menos, lo siguiente: “Habrá que hacer los cálculos oportunos para ver si nos interesa electoralmente”. Exactamente la misma filosofía que ahora le ha llevado a permitir, por la vía de la omisión, la presencia en las elecciones del entorno de ETA, digamoslo claramente, en un ejercicio de cinismo político como pocas veces he visto en la historia reciente de nuestro país. Habrá quién diga, en su defensa, que no ha sido así, que le han engañado. Pues incluso si así fuera, ya debería haber entregado en bandeja de plata la cabeza de su ministro de Justicia, Juan Fernando López-Aguilar, por dejarse meter el gol. Pero no ha sido gol, sino dejada que tufa a interés electoral.
El presidente Rodríguez es el vivo ejemplo de aquella máxima de Montesquieu según la cual “los intereses particulares hacen olvidar fácilmente los públicos”. Zetapé ha permitido que su estrategia para el País Vasco, que pasa por un pacto PSE-PNV si el tripartito no logra la mayoría absoluta el domingo –López sería vicelehendakari de Ibarretxe- se interponga en el camino de lo que la ética y la moral pública y política exigía: reparar el daño a las mil víctimas de ETA con el certificado de defunción de su presencia en los escaños de parlamento de Vitoria y acabar con esa vergüenza democrática. Pero esa presencia forma parte de la necesidad de Zetapé de alcanzar sus objetivos, para lo que pactaría con el mismísimo diablo, ese del que decía Shakespeare que “citará la Sagrada Escritura si viene bien a sus intereses”.
Hace unos días estuve en el País Vasco para hacerle una entrevista a la candidata del PP, María San Gil. Asistí a un homenaje a las víctimas de ETA en Barakaldo, y al término del acto una señora sonriente se despidió de la candidata del PP y luego se acercó a mí y me preguntó: “¿Eres de Álava?”. “No”, le dije, “soy periodista, de Madrid. ¿Y usted?”. “Yo de Ermua”, me contestó, hizo una pausa y añadió: “Soy la madre de Miguel Ángel Blanco”. No la conocía personalmente y se me hizo un nudo en el estómago. En décimas de segundo pasaron ante mis ojos las imágenes de aquellos días, el sufrimiento de aquellas horas interminables, y no pude evitar decirle un “lo siento”. Ahora pienso en esos ojos que irradiaban esperanza en un fondo de amargura y me gustaría saber si el presidente Rodríguez es capaz de explicarle, sin apartarle la mirada, porqué van a sentarse en el Parlamento esos que ponen en el mismo plano la muerte de su hijo con unas supuestas –e inexistentes- torturas de la Guardia Civil a los presos políticos vascos. O sí, como decía Oscar Wilde, “todo lo que se haga en interés propio está justificado”.
Federico Quevedo
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | POLITICA | Comentarios (0) | Referencias (0)
La Trinchera pretende ser un espacio de libertad para todo el que comparta una visión humanista y liberal de nuestra sociedad, desde el respeto a todas las formas de pensamiento que no pretendan convencer a través de la imposición
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com