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Jueves, 14 de abril de 2005

USA: Ya no somos aliado preferente

¿Y qué?, dirán los más antiamericanos. Mucho. Ya no se trata solo de una alianza militar, sino también política y económica. Reducir las relaciones transatlánticas al mero hecho de que España apoyara o dejara de hacerlo la intervención aliada en Iraq limita sobremanera el análisis que debe hacerse sobre la necesidad de que un país mediano como el nuestro tenga un adecuado flujo de comunicación con Washington, que sigue siendo la primera potencia del mundo. Y en estos momentos, a pesar del desembarco que protagoniza nuestro Gobierno en aquel país, ese flujo sigue siendo entrecortado y con pocas posibilidades de mejorar. Escribo estas líneas previamente al encuentro entre nuestro ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice. Pero el encuentro se preve frío ya antes de celebrarse. El motivo es que, valga la redundancia, España ha dado muchos motivos a Washington para no sentirse satisfechos con el actual rumbo de nuestra diplomacia. Y lo de Iraq ya no es la cuestión principal. A la retirada de tropas y las inoportunas llamadas de Zapatero al resto de los aliados para que hicieran lo mismo, al hecho ya casi anecdótico de que nuestro presidente se quedara sentado al paso de la bandera de las barras y las estrellas, hay que sumar una política exterior que, no se sabe por qué, se dedica a bailarle el agua a los líderes iberoamericanos más antinorteamericanos, Castro, Kirchner y Chávez –lo que, junto a Zapatero, yo llamo el Cuarteto de Ipanema-, e incluso le vende armas a uno de ellos, y ya veremos si también al resto.

Una semana antes del viaje de cinco de nuestros ministros a Estados Unidos en una delegación que encabezaba Moratinos e integraban Bono, López Aguilar y otros, el director general para Norteamérica, Juan Pons, ya pudo comprobar in situ que las cosas no pintaban bien para nuestro país, que ha dejado de ser un aliado preferente para Washington y, como en tiempos de la dictadura, vuelve a ser una pieza más en el tablero internacional. En aquellos años del franquismo, España era el portaaviones de Estados Unidos, su base naval entre el Mediterráneo y el Atlántico, pero a nuestro embajador en Washington no lo recibía ni un humilde funcionario del Departamento de Estado. Una situación que está viviendo en sus propia carnes el actual embajador, Carlos Westendorp, a quién le cuesta lo suyo conseguir que le devuelvan una llamada del Departamento que dirige Rice. Solo la presencia en aquel país de algunos miembros del anterior Ejecutivo, como Rodrigo Rato, director gerente del Fondo Monetario Internacional, hace que todavía España tenga un cierto prestigio en las altas esferas político-económicas de Washington. De hecho, la primera escala de Moratinos en su viaje a Estados Unidos ha sido el despacho de Rato, a quién el propio Zapatero le ha pedido que les ayude a abrir algunas puertas al otro lado del Atlántico. Puertas que el propio Gobierno de Zapatero se encarga de cerrar. Porque esa es la cuestión de fondo, que la política que sigue este Gobierno en el exterior se aleja cada vez más de las líneas marcadas hasta ahora como esenciales por todos los gobiernos anteriores. Durante casi treinta años ha sido hasta aburrido el ir y venir de nuestros políticos a Washington en una posición de aliado, primero importante –con UCD y con Felipe González-, y luego preferente –con Aznar-. Ahora hasta producen risa las persecuciones de Moratinos a Powel, primero, y a Rice, después, para lograr unos minutos de atención.

Hay quienes creen que la culpa de este mal entendimiento la tiene el propio Moratinos. Y no es de la oposición ni del cuerpo diplomático de donde sale esa apreciación, sino de su propio partido. Por eso las quinielas sobre su sucesión son cada vez más insistentes, porque no son pocos los que confían en que una crisis de Gobierno en la que Moratinos sea sustituido ayudará a arreglar la situación. Pero no es más que un engaño, o un autoengaño. En la Casa Blanca no culpan tanto a Moratinos como al propio Zapatero de la política exterior llevada a cabo por el Gobierno español. En Washington no ven problemas en mantener un cierto nivel de interlocución referido a cuestiones prácticas, lo que en lenguaje diplomático se llama la ‘agenda’, pero nada de nada en el terreno más políticamente visible. En el ministerio suele decirse a la prensa que las relaciones mejoran –eso no lo hacía antes la OID, por cierto- salvo en el ‘pequeño detalle’ de que Bush sigue sin querer recibir a Zapatero. Y ya dudo que Moratinos consiga lo contrario durante su entrevista con Rice el tiempo justo que establece el protocolo. Cierto que en una ocasión anterior le dio tiempo para contarle a Rice en dos minutos los principales objetivos de la política exterior española en Latinoamérica, Oriente Medio, Iraq, Afganistan, Europa, etcétera. Pero la realidad es que España ha dejado de ser un país de referencia para Estados Unidos. Ya han comprobado que no somos un socio fiable. Gestionarán con el gobierno de turno el mantenimiento de las bases, mientras les interese mantenerlas, y poco más.

Federico Quevedo

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | POLÍTICA EXTERIOR | Comentarios (0) | Referencias (0)

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