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Viernes, 01 de abril de 2005

DE CÓMO EN LAS ELECCIONES VASCAS NOS JUGAMOS EL FUTURO A CUENTA DE UN PRESIDENTE CÍNICO E IRRESPONSABLE

El próximo 17 de abril se celebran unas elecciones trascendentales en el País Vasco, porque de ellas, de su resultado, se dilucidará si sigue adelante el proyecto fundamentalista del nacionalismo en su objetivo final de ruptura con España o si, por el contrario, el sentido común frenará la ofensiva étnico-tribal de un fanatismo excluyente y caprichoso que pretende cerrar una sociedad al avance del futuro privándola del bien más preciado del ser humano: la libertad. Platón enumeraba los principios de la política espartana –una sociedad tribal opuesta a todo cambio- en seis puntos que, más o menos, venían a ser cerrarse a toda influencia exterior, la oposición a cualquier ideología igualitaria, la autarquía, la diferenciación entre la propia tribu y el resto, la dominación del vecino y la expansión moderada. Popper dice que estos seis principios definen también al totalitarismo moderno, aunque este tiene “tendencias imperialistas de expansión”.

Pero en estos principios podemos ver reflejado también al nacionalismo fundamentalista que tanta muerte ha provocado aquí y en otros lugares no muy lejanos –la antigua Yugoslavia-, en la medida que sus defensores son “incapaces de esa simple y común generosidad que inspira la fe en los hombres, en la razón humana y en la libertad” (Popper). Lo que pretende el nacionalismo que busca desde hoy el respaldo definitivo a sus tesis, es constituirse en una sociedad cerrada, una tribu en la que sus miembros se hallan ligados por vínculos semibiológicos –el RH-, pero en la que se niega el individualismo igualitario que fundamenta la democracia liberal. El 18 de abril es la fecha establecida por Ibarretxe y el nacionalismo fundamentalista para iniciar la cuenta atrás de su proyecto separatista e imponerlo por la fuerza de los hechos al resto de la sociedad, pervirtiendo el principio democrático de Pericles según el cual “nuestra administración –se refiere a Atenas- favorece a la mayoría y no a la minoría: es por ello que la llamamos democracia”.

Un principio que murió el día que Zapatero prometió su cargo de presidente del Gobierno y que tendrá la puntilla en el País Vasco el próximo 17 de abril porque, créanme, pase lo que pase Ibarretxe ya ha dejado claro que va a seguir adelante y que a partir del día siguiente emplazará al presidente del Ejecutivo, el mismo que le ha tendido la mano del diálogo y del talante, para la negociación definitiva de su plan en la que, por su parte, no habrá ninguna concesión. La única diferencia que puede darse el 17 de abril es que, como explicaba el otro día Jaime Mayor Oreja en la presentación del libro de Santiago Abascal La farsa de la autodeterminación, es que si Ibarretxe logra la mayoría absoluta el proceso de ruptura será todo lo rápido que el nuevo Ejecutivo vasco pueda llevarlo a cabo. Pero si no logra esa mayoría absoluta, el proceso irá acompasado al proyecto de ruptura constitucional escenificado en la confluencia de criterios entre Patxi López y Pasqual Maragall, con el asentimiento y consentimiento positivo de Zapatero.

Lo diré con toda la crudeza que creo que merece, a riesgo de molestar a más de uno: para Zapatero, que España se rompa en mil pedazos, tiene una importancia igual a cero, si eso le permite a él mantenerse en el poder durante tiempo indefinido. De ahí que en mi escenario de lo que puede ocurrir el 17 de abril no incluya la posibilidad de un pacto PSE-PP para gobernar si el nacionalismo totalitario y excluyente no logra la mayoría absoluta para hacerlo, ni siquiera con el apoyo de Madrazo y Aralar, una posibilidad que descarto de antemano porque creo que, esta vez, la actitud mercantilista y apaciguadora de Zapatero y López ha favorecido la aproximación nacionalista a la mayoría absoluta. Hoy por hoy, la esencia constitucional, el principio de libertad individual, la garantía democrática de respeto a todas las tendencias, está depositada en una siempre feliz María San Gil. Y ya decía Pericles que “la felicidad es el fruto de la libertad y la libertad, el del valor”.

Federico Quevedo

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | POLITICA | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Es que nunca voy a entender al PNV, se pasan por el forro la ley, el estado de derecho, y todo lo que les venga en Gana, con este tema creo que estamos luchando como ciegos, pues mas tarde o mas temprano la armaran.

Lucas Deyá | 02-04-2005 00:38:58

Buenos días.

Leo por primera vez en este blog y sólopuedo decir: fantástico!

Me tomo la libertad de incluirle en mis "bloglines"

Saludos, Luis I. Gomez

Astur-Leones | 04-04-2005 12:04:30

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