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Jueves, 17 de marzo de 2005

Berlusconi si que sabe

El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, anunció la semana pasada la retirada parcial de sus tropas en Iraq antes de final de año, una retirada que se irá completando a lo largo de 2006 hasta ser definitiva. El anuncio se produce cuando se acerca la fecha de las próximas elecciones municipales en Italia y a un año de las elecciones generales, y unas semanas después de haber enterrado en medio de una enorme tensión social al agente secreto Nicola Calipari, muerto en un tiroteo de las tropas norteamericanas sobre el convoy en el que viajaba la periodista Giuliana Sgrena liberada tras su secuestro a manos de terroristas iraquíes. No voy a traer el debate sobre lo acontecido –parece que a los jóvenes integrantes del puesto de control norteamericano se les fue demasiado rápido el dedo al gatillo al parecerles que el coche de Sgrena iba demasiado veloz- pero es obvio que estos sucesos han avivado en Italia el rechazo social a la presencia de sus tropas en aquel país, que parece maldito para occidente. De ahí que il cavaliere haya tomado una decisión anunciada por sorpresa y que evidencia, de nuevo, la cintura política del primer ministro italiano quien, sin embargo, había consultado ya con Washington esta decisión y pactado la forma en que iba a retirar sus tropas. Todo un ejemplo de cómo debe llevarse a cabo una medida de tal envergadura sin provocar por ellos unas tensiones nada convenientes entre Roma y Washington. Bush y Berlusconi han pactado hasta los desacuerdos y, al final, el presidente norteamericano le agradecerá los servicios prestados y no me extrañaría que hasta el Congreso Americano condecorara a los soldados italianos.

¿Se podía haber hecho de igual manera en España? Sí. El actual Gobierno siempre podía haber vendido su promesa electoral de retirar las tropas habiendo llegado previamente a un acuerdo con Washington sobre el modo de hacerlo. Pero Zapatero, al contrario que Berlusconi, prefirió en su momento arrancarse por una decisión precipitada, en lugar de permitirse un tiempo para la reflexión y para la negociación, que es como los políticos serios tomas sus decisiones: procurando evitar que las mismas causen perjuicios a terceros. En su inmadurez política, Zapatero estará hoy satisfecho creyendo que Berlusconi ha seguido sus pasos. Nada más lejos de la realidad. Italia ha mantenido sus tropas hasta el último momento, colaborando intensamente en el proceso electoral. Y ni siquiera la retirada es total en un primer plazo, y cuando se produzca el regreso completo de las tropas habrán pasado ya más de tres años desde que se acabara la guerra. Es decir, que las tropas italianas serán en ese momento perfectamente reemplazables por el Ejército Iraquí que, para ese momento, ya tiene previsto comenzar a operar en algunas zonas de Irak sustituyendo a algunos de los países de la coalición. Una jugada maestra de indudable capital político de cara a las elecciones y que le permite a Berlusconi mantener la figura de aliado preferente de Washington. España, por el contrario, es un país de tercera o cuarta fila a los ojos de la diplomacia norteamericana, una situación que, aunque de cara a la opinión pública pueda ser vendible, el propio Zapatero sabe que no puede mantener por mucho tiempo.

Me llamaba la atención la semana pasada que el diario El País trajera en sus páginas un extenso reportaje con declaraciones de los militares españoles que estuvieron presentes en Irak, en un tono en el que casi parecía que el periódico referente de la izquierda se excusaba por haber defendido el regreso inmediato de nuestras tropas. En el mismo se hacen afirmaciones como que “las discrepancias políticas privaron a esta misión de la resonancia y orgullo ciudadano que habían alcanzado otras anteriores, como las de los Balcanes o Centroamérica”, eso después de haber hecho una interesantísima exposición de lo que fue la presencia española en aquel país y del orgullo con el que nuestros militares llevaron a cabo su misión, incluido en ese orgullo el servicio prestado al pueblo iraquí. Y es que si ha habido algo sobre lo que se ha hablado poco y, sin embargo, se ha mentido mucho, es sobre lo que el propio periódico reconoce abiertamente: “La guerra de los generales y mandos españoles en Irak, en primer lugar, no fue una guerra”. En efecto, porque España nunca participó de las acciones bélicas y nuestros soldados fueron allí en misión humanitaria y de seguridad. ¿Había tanta prisa por volver? ¿Valía la pena llevar adelante una promesa electoral a la que no se había puesto fecha fija con tanta prisa, a riesgo de enturbiar de una manera casi imposible de revertir nuestras relaciones con Estados Unidos? Bush ha respondido al anuncio de Berlusconi con un “lo entiendo”. La misma acción, distintos resultados. Eso es lo que define a un líder político que gobierna por encima de ineficaces demagogias.

Federico Quevedo

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | INTERNACIONAL | Comentarios (0) | Referencias (0)

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