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Viernes, 04 de marzo de 2005

SOLBES RECOGE EL FRUTO QUE SEMBRÓ MONTORO Y DEJA QUE SEBASTIÁN SE ENFRENTE EN PIRAGUA A LA ‘TORMENTA PERFECTA’

El ministro Pedro Solbes ha mostrado más bien poco entusiasmo con el Plan de Dinamización de la Economía surgido del laboratorio de ideas de Miguel Sebastián, y mientras tanto, negros nubarrones se ciernen sobre la economía española

A riesgo de ser tachado de agorero pesimista, diré que son negros nubarrones los que se ciernen sobre la economía española, que el vicepresidente segundo y ministro de Economía, Pedro Solbes, lo sabe, y que también sabe que el Plan de Dinamización de la Economía con el que hace una semana el Gobierno se instó a sí mismo a hacer algo da para bien poco, y por eso, listo que es el, ha preferido salir lo menos posible en la foto y dejar que Sebastián se queme en la hoguera de su vanidad. No habían pasado ni diez minutos de la rueda de prensa del Consejo de Ministros del viernes 25 de febrero y ya todo el mundillo periodístico de Madrid capital y alrededores sabía que el famoso Plan había salido del laboratorio de ideas de Miguel Sebastián S.L., el mismo laboratorio que unas horas antes del Consejo estaba más preocupado por la presentación en power point del Plan que del Plan mismo y su contenido.

Y es que, después de escuchar en riguroso estreno mundial la presentación del citado Plan de Dinamización de la Economía Española, uno iba con toda su buena voluntad al día siguiente, sábado, a la página web del BOE a buscar los decretos que se supone debían desarrollar semejante paquete de medidas favorecedoras del impulso económico, y salvo el anunció de venta en papel bonito por veintitantos euros de la última Ley General Presupuestaria que elaboraron Montoro y Martínez Rico, no había nada mas. Ni el lunes, ni el martes... Eso sí, dos días después el propio Solbes anunciaba a bombo y platillo que el cierre de caja de las cuentas del Estado arrojaba un minúsculo déficit del 0,28% que hubiese sido superávit presupuestario del 0,4 si al Gobierno de Zapatero no le hubiera dado por la tontería de incluir la deuda de RENFE para afearle la pulcritud de las cuentas a Rato, que es una espina que Sebastián tiene clavada y no va a haber quién se la quite. Dos buenas noticias en un plazo de cuarenta y ocho horas choca con la más elemental estrategia de comunicación, salvo que alguien quiera con una tapar la otra.

La respuesta estaba al día siguiente en una rueda de prensa en sede ministerial para responder a las críticas al Plan de Dinamización, rueda de prensa que ofrecía, ¡oh sorpresa!, el asesor de Presidencia Miguel Sebastián en lugar del ministro. ¿Y porqué Solbes se hacía el huidizo? El ministro ya había tenido su cuota de protagonismo con los buenos datos de caja y en una conferencia ante el Madrid más granado de la economía en la que advirtió, a su manera, de que los planes de Sebastián –dos tramos del IRPF, supresión de deducciones- no pueden ir demasiado lejos. Y no es que el Plan de Dinamización sea negativo, que no lo es, pero tampoco aporta nada nuevo ni genera expectativas, que es lo que en definitiva haría falta para salir de una situación en la que los expertos mirán al cielo con mucho pesimismo, porque se ven varias tormentas acercarse por el horizonte: un crecimiento centrado en el consumo público y cada vez en menor medida en el privado, una acelerada pérdida de competitividad de nuestra economía, ausencia de reformas sustanciales. Todo ello amenaza con una tormenta perfecta que puede llevar el PIB al 2% y destruir empleo.

Y es que mientras el Gobierno recoge los frutos de la estabilidad presupuestaria que dejó en herencia el equipo de Montoro y que el nuevo Ejecutivo tiene intención de llevarse por delante en virtud de sus acuerdos con Carod Rovira, los técnicos de Economía desean verdaderas reformas que no llegan. Tiene delito que siendo MAFO el autor de aquel decreto Boyer del año 85 que incluyó reformas vitales como la liberalización de alquileres o los horarios comerciales, ahora, sin embargo, el Plan de Dinamización se quede en pura cortina de humo detrás de la cual hay bien poca cosa, por no decir nada. Ni se prevén reformas atrevidas en el mercado de trabajo, ni mucho menos en materia de suelo-vivienda –salvo la creación de una agencia de alquileres con un perfume insoportable a intervencionismo público-, nada de liberalización de horarios comerciales...

Si el remedio a un más que previsible estancamiento de nuestra actividad va a venir de reducir del 3% al 1% la presencia de la SEPI en Red Eléctrica en 2008, o en modificar los aranceles de notarios y registradores –quién sabe en que direccción, si para subirlos o bajarlos- o en la liberalización de la apertura de estancos, estamos apañados. Ya no se trata de que la economía sea lo que puede hacer que el actual Gobierno pierda su apoyo popular -que ocurrirá si no hace nada por evitarlo aunque adelante elecciones anticipándose a los efectos de un menor crecimiento-. Se trata de que para gobernar hace falta tener ideas, dar respuesta a los problemas y buscar soluciones más allá de las buenas maneras y el quedar bien con todo el mundo. Sigo creyendo que Solbes, con sus propias limitaciones, tiene más o menos claro por donde deben ir las reformas necesarias para afrontar la tormenta. Pero no tendrá el suficiente respaldo político mientras quien caliente la oreja de Zapatero sea Sebastián y su equipo de jóvenes promesas.

Federico Quevedo

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | ECONOMÍA | Comentarios (0) | Referencias (0)

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