Miércoles, 02 de marzo de 2005
Aunque cumpla la exigencia de retirada de tropas, ¿abandonará el régimen de Damasco sus pretensiones sobre el Líbano? ¿Que consecuencias puede tener lo ocurrido en el escenario de paz de Oriente Medio?
El asesinato, hace unas semanas, del ex primer ministro libanés Rafiq Hariri, ha traído al escenario internacional la presencia de Siria como un elemento perturbador de las ansias de paz en Oriente Medio. En su reciente viaje a Europa el presidente norteamericano lanzó clarísimas advertencias al régimen de Damasco exigiendo la retirada de las tropas sirias del Líbano, una exigencia a la que se unió, en una sola voz, la Unión Europea, esta vez sí –España incluida- junto a su aliado natural en la búsqueda de la paz y la extensión de la libertad y la democracia por todo el mundo. Europa ve con enorme esperanza los tímidos pasos que comienzan a dar palestinos e israelíes en el camino de la paz, y la presencia perturbadora de Siria se ve con malos ojos y con enorme temor y precaución. Es necesario recordar que el régimen sirio proviene de la misma matriz que el de Sadam, es un régimen baasista, una dictadura de origen pro-nazi con reminiscencias islamistas que siempre ha apoyado, y sigue haciéndolo, el terrorismo fundamentalista, especialmente el de origen palestino en contra de Israel. Pero en los últimos tiempos existen serias sospechas de que también facilita la labor de Al Qaeda en Iraq sirviéndole de campo de entrenamiento y de mercado de armamento. De hecho, Estados Unidos sigue teniendo la sospecha que las famosas armas de destrucción masiva de Sadam están, realmente, en suelo sirio, aunque de esto se tienen datos escasos. Pero la pregunta es si Siria está dispuesta a ceder en sus reivindicaciones sobre el Líbano o si el anuncio de retirada de sus tropas es, simple y llanamente, una cortina de humo que esconde sus verdaderas intenciones.
La reclamación del Líbano es una constante en las autoridades sirias. Hasta ahora la atención mundial se había centrado en otros asuntos relativos a Irán y Corea del Norte y la presencia de armamento nuclear en estos dos países, pero desde el asesinato de Hariri el régimen de Damasco ha vuelto al primer plano, y la exigencia de retirada de tropas ha hecho subir muchos grados la tensión en la zona. La impresión, sin embargo, es que Damasco no tiene ninguna intención de ceder en sus reclamaciones sobre el Líbano, un estado creado por Francia para dar cobertura a una mayoría cristiana en aquella región, pero sobre el que Damasco ha ejercido un control asfixiante. La estrategia siria pasa por la desestabilización en toda la zona como única manera de lograr la retirada definitiva de Estados Unidos y, al mismo tiempo, conseguir la derrota de Israel. Durante años, Siria ha financiado y apoyado en todos los sentidos el terrorismo palestino, como estrategia de desgaste frente a Tel-Aviv. Desde la derrota de Sadam Hussein, Damasco viene ejerciendo la misma estrategia en torno a Iraq, sirviendo de base de operaciones y de refugio a los dirigentes baasistas iraquíes huidos durante y después de la contienda. La estrategia respecto al Líbano puede ser parecida. Si ahora, por la exigencia internacional, Siria se ve obligada a retirar sus tropas, no sería nada extraño que la violencia terrorista se adueñara también de aquel país. Y en ese escenario la presencia norteamericana en la zona peligraría, o al menos así lo ven las autoridades sirias.
¿Es posible esta situación? Siria ampara la existencia de Hezbolá, milicias formadas por chiítas y comprometidas con la extensión de la causa islamista y la desaparición de Israel que a su vez tienen también el pleno apoyo de Irán, país del que han acabado convirtiéndose en una organización dependiente para la realización de actos terroristas. Además, Siria cuenta con los cuarteles generales de Hamas y Yihad Islámica desde donde preparan sus acciones terroristas y se reorganizan cuando sufren alguna acción de Israel. Como ya he dicho, el régimen sirio ha acogido a los baasistas huidos de Iraq, cada vez más integrados en la red de Al Qaeda. Siria e Irán coinciden en el rechazo a la extensión de la democracia en Oriente Medio, y en ambos países se violan los derechos humanos. Desde el punto de vista armamentístico, Siria tiene misiles facilitados por Corea del Norte capaces de desplazar a largas distancias armas químicas. En este sentido, Siria si goza de un arsenal muy superior al Iraquí, pero nunca se ha atrevido a usarlo contra Israel por el temor a la reacción de occidente. El temor de los servicios secretos occidentales es que ese armamento pueda ser facilitado a organizaciones terroristas. Sin embargo, el escenario no es nada favorable para Damasco ya que los dirigentes sirios saben que Estados Unidos no va a permitir más apoyos al terrorismo fundamentalista, que Europa no quiere que Siria obstruya el proceso de paz israelo-palestino, y que la ONU ha sido muy dura en su rechazo a la ocupación del Líbano. Suficiente para temer una reedición de lo ocurrido en Iraq, y Damasco no tendrá ganas de pasar por el mismo trance que Bagdad. O, al menos, eso esperamos.
Federico Quevedo
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | INTERNACIONAL | Comentarios (0) | Referencias (0)
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