Lunes, 28 de febrero de 2005
El líder del PP debe combinar un discurso equlibrado con la firmeza de convicciones que sitúen a Zetapé ante sus propias contradicciones
Si pensáramos con dos dedos de frente en lugar de con la pasión, nos daríamos cuenta de que al Partido Popular le ha salido casi perfecta la estrategia que algunos llaman pactista y que, en realidad, no era otra cosa que poner al PSOE frente a las cuerdas de su propia irresponsabilidad. Si fuéramos conscientes de en que país vivimos nos daríamos cuenta de que en España el PP va a estar siempre estigmatizado por una izquierda sectaria y manipuladora, y que frente a los discursos del “no pasarán”, las estrategias pancartistas, la movilización en la calle y la permanente señalación con el dedo a la derecha acusandola de fascismo, solo es posible convencer, no vencer. Eso no quiere decir que la moderción deba ser sinónimo de pusilanimidad. En absoluto. La moderación es perfectamente compatible con la firmeza de las convicciones y la crítica demoledora de los errores del adversario.
Cuando Rajoy ofreció a Zetapé un pacto para defender juntos el modelo de Estado recogido en la Constitución Española lo que hizo no fue agachar la cabeza, como creen algunos, para darle respiración asistida a Zetapé. No, lo que hizo fue poner a Zetapé frente a sus propias debilidades, nacidas de sus propios compromisos y de una ideología radical que para la que el diálogo con la derecha es algo prohibido. Rajoy sabía que si le sacaba a Zetapé el compromiso del pacto situaba a su partido, al PP, en un lugar del cual ya no debería moverse, porque el único que se iba a mover de su sitio iba a ser Zetapé y sus acuerdos inconfesables con el nacionalismo vasco y catalán, como así ha sido.
Lo que se está poniendo de manifiesto es que Zetapé es un personaje incapaz de mantener su palabra, un político infiable, y que Rajoy, por el contrario, es capaz de mantener hasta el último segundo del último minuto sus convicciones sobre cómo debe ser España. Y, sin embargo, Rajoy adolece de un problema de comunicación con los ciudadanos. No llegan sus mensajes. Quizá el problema esté en que no puede esperar sin hacer nada a que los errores de su adversario le faciliten el camino. Hay que situar a quién nos está llevando por el camino de la desintegración del país ante sus propias contradicciones y sus numerosos errores. Este es un partido que, por ahora, va ganando Zetapé y que Rajoy no puede ver desde el banquillo. Debe saltar al terreno de juego e intentar marcar.
Rajoy debe enfrentar a Zetapé ante sus socios, debe obligarle a relatar cuales son esos pactos inconfesables que le unen a Imaz y a Carod. Pero debe bajar también de la planta séptima de Génova 13 a la calle, a recorrer el barrio de El Carmelo, a dar el pésame a las familias del pesquero hundido en su patria chica, a recorrer cada pueblo y cada barrio en el que haya un problema para el que un político debe ofrecer una solución o, si no es posible, al menos transmitir unas palabras de consuelo. Debe apoyar a Piqué en su petición de dimisión para Maragall, y debe apoyar que esa solicitud se realice formalmente en el Parlament. Esta es una sociedad adormecida, y hay que despertarla con un discurso contundente, lo que no quiere decir maleducado, en el que los ciudadanos encuentren de nuevo una referencia de confianza.
Federico Quevedo
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | POLITICA | Comentarios (0) | Referencias (0)
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