Viernes, 25 de febrero de 2005
Zetapé esconde detrás de la fachada del talante y del diálogo un Gobierno sectario e inoperante que sólo responde a los intereses particulares, y no al interés general
Si alguno de ustedes, amables lectores, entra estos días en Madrid por la carretera de La Coruña, al acercarse al Palacio de La Moncloa observarán, no sin cierto asombro, ligeros cambios en la fachada norte: colores vivos, ventanas azules... Hasta darse cuenta de que se trata de una fachada falsa, un dibujo de considerables proporciones que esconde la realidad, en este caso, unas obras en el complejo, no sé si aprovechando que también van a climatizar la piscina para que Sonsoles se haga unos largos mañaneros antes de ir a cantar al coro de RTVE. La falsa fachada de La Moncloa es como una señal, como si nos estuviera diciendo que lo que hay detrás no es, ni mucho menos, lo que se pinta, que lo que esconde es tan falso como el propio dibujo.
Mi amiga Alicia Sánchez Camachodice que este es el Gobierno tan-tan: tan tolerante, tan dialogante, tan bueno, tan bonito... Pero la verdad es que ni tan-toni tan-calvo. Tras la fachada de buen rollito se esconde un Gobierno inoperante que dirige su acción política a la satisfacción de los intereses propios y de sus mejores amigos, olvidando que está ahí para actuar conforme al interés general. Este es el Gobierno del embozo, que se pone la careta del talante para disfrazar de pluralismo una ley hecha a la medida de Polanco, aunque de eso ya hablé la semana pasada. Pero es que, encima, tienen la cara tan dura de vestir de interés general lo que es puro interés particular: la autorización a Canal Plus para emitir en abierto.
Pero de eso ya han escrito otros antes que yo en estas mismas páginas. A mí lo que me preocupa es que, mientras la gente en general se encuentra entre la inopia y las Batuecas, el Gobierno hace de su capa un sayo, y aquí paz y después gloria, y a quien Cristo se la dé, San Pedro se la bendiga. Tenía razón el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, cuando afirmaba el pasado miércoles por la noche en Las cerezas de Julia Otero que no hay tensión en la calle. ¡Qué va a haber, si estamos a punto de que nos dé una lipotimia! Esta sociedad no se mueve hasta que no le tocan las narices a conciencia, y Zetapé, todo sea dicho, es un maestro a la hora de disfrazar las amenazas con el traje de la indulgencia.
Díganme, si no, cómo se le llama a que la presidenta del Consejo Escolar, Marta Mata, nombrada por el Gobierno, vote a favor de pedir al Ejecutivo que se suprima la clase de religión, justificándolo en una mal interpretada libertad... Y luego sale Zetapé con su sonrisa pidiendo paz universal y todos tan anchos, hasta que del caldo nos den dos tazas, y si no al tiempo. Somos tan pasotas que nos da igual que las relaciones de España con Estados Unidos se limiten a un “hola, ¿qué tal, amigo?”. Incluso lo alabamos, y los voceros zetapetistas se atreven a afirmar, sin rubor alguno, que eso recompone la política exterior que hicieron Suárez y González y que rompió Aznar, mientras Zetapé coloca todas sus piezas en el único tablero del Cuarteto de Ipanema. El aislamiento internacional de España empieza a ser similar al del ‘franquismo’.
Puede que yo sea suspicaz en exceso con el socialismo patrio, pero cuando alguien pretende convencerme de su bondad infinita y ante una crisis grave como la del barrio barcelonés de El Carmelo, dicho socialismo responde con lo que mejor sabe hacer: el apagón informativo, a mi eso me huele a chamusquina. Ya sé que no es responsabilidad directa de Zetapé, pero sí de Maragall y de su director de comunicación, Enric Marín, quien, según me cuentan y me creo, coordina sus estrategias con el secretario de Estado de Comunicación, Miguel Barroso. Nada ocurre allí que no se sepa aquí. La de no informar o informar a medias es una manera muy de Zetapé de adormecer la conciencia colectiva. ¿Por qué en lugar de informarnos de cuántos inmigrantes han solicitado regularizarse, no nos dicen a cuántos han regularizado? Sólo pregunto.
Yo no sé si el talante pasa por aprobar un Real Decreto de oferta de empleo público en el que se suprime el requisito de publicidad. A partir de ahora, habrá que enterarse en la sede de Ferraz de las convocatorias de plazas de funcionarios previo paso por la oficina de afiliaciones. Como tampoco sé si “diálogo” quiere decir pactar con el PNV para que a Atutxa no lo metan en la cárcel por desobediencia al Supremo. Por eso Conde Pumpido sale como alma que lleva el diablo a defender al presidente del Parlamento Vasco cuando parece que el TSJPV lo va a enjuiciar por desacato, y por eso, al mismo tiempo, al alto comisionado para las Víctimas del Terrorismo, Gregorio Peces Barba, le parece más tolerante defender los derechos de los presos de ETA dispersos en cárceles españolas que los de las víctimas en el Congreso de Colombia.
¿Y quién saca al personal de la babia en que se encuentra? Lo lógico es que sea la oposición, pero más me da a mí que está tan en babia como el resto. Lo peor que le puede pasar a un político es creer que está tocado con la varita mágica del hada madrina que habita en la buhardilla de La Moncloa. La moderación, la búsqueda del centro político no está reñida con la tarea de oposición y, sobre todo, con la de bajar al terreno de juego y disputar el partido intentando ser el primero que marque. La noche del 20-F, Rajoy perdió la oportunidad de hacerse con los votos del “sí” reclamándolos para él. Hace falta que el líder del centro-derecha dispute el encuentro, aunque eso implique llenarse los zapatos de barro en El Carmelo. Los buenos discursos no valen para meter goles. Hay que forzar el penalti, y Rajoy, si quiere, puede hacerlo.
Federico Quevedo
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | POLITICA | Comentarios (0) | Referencias (0)
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