Lunes, 14 de febrero de 2005
EL GOBIERNO PRACTICA LA DEMAGOGIA EN TORNO A
LA INMIGRACIÓN Y NO VE MÁS ALLÁ DE SUS NARICES
Se pueden escribir –y de hecho se han escrito- libros y libros sobre este tema, pero intentaré ser lo más escueto posible en mis razonamientos. Vaya por delante mi convencimiento de que lo que se ha hecho con el reglamento, es decir, la regularización de alrededor de 800.000 inmigrantes hasta el momento en situación irregular, es lo único que se podía hacer. Como me imagino que el señor Caldera no se creerá que haya dicho esto, lo repito. Es lo único que se podía hacer y lo hubiera tenido que hacer cualquier Gobierno del signo que fuera. Por una razón muy sencilla: es imposible mantener en situación irregular a esa cantidad de inmigrantes utilizando los servicios básicos que les ofrece el Estado –fundamentalmente la sanidad- sin que, al mismo tiempo, contribuyan al sostenimiento de los mismos. Como la repatriación de toda esa cantidad de personas es prácticamente imposible por el costo y porque sus países de origen no los admiten, sólo quedaba esta salida.
Pero no deja de ser un parche a una situación que requiere enormes dosis de sentido común, que es lo que le ha faltado a la política española de estos últimos años. Al PP le tocó afrontar esta realidad de la que sabíamos muy poco porque para España era nueva, no así para otros países europeos. Hizo lo que pudo, no lo resolvió, pero intentó convertirlo en un asunto de Estado para lo que se encontró con la oposición socialista. Ahora la patata caliente está en el tejado del PSOE que ha aprobado un reglamento que desarrolla una ley aprobada por el Congreso en la anterior legislatura previo acuerdo del PP con ellos mismos. Y lo ha hecho sin diálogo o, al menos, sin dialogar con quienes debía. El Gobierno no le ha ofrecido al PP ni la más mínima oportunidad de negociar sobre algo que, en alguna medida, le ‘pertenecía’, y ese debería ser el punto de partida para afrontar un asunto que en lugar de ser una oportunidad para quienes emigran y para el país que los recibe, se está convirtiendo en un problema.
El Gobierno ha afrontado la regularización de casi un millón de personas sin pensar en las consecuencias. Ya antes, este verano, anticiparon esta medida generando alarma entre la población receptora de la misma y entre los empresarios. No se dialogó con la oposición, ni con los ayuntamientos que más población inmigrante soportan, ni con la UE. Les voy a dar un dato. Desde que llegó este Gobierno España no participa en las reuniones europeas sobre inmigración por la simple razón de que en toda Europa las competencias recaen sobre los ministros de Justicia e Interior, y en España no, en España lo hacen en el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Así que cuando se reúne el Consejo de Ministros de Justicia e Interior y habla de Inmigración, Alonso, el nuestro, hace oídos sordos porque no le compete. Pero fíjense si el Gobierno no ha tenido en cuenta las consecuencias de su decisión que nadie es capaz de responder a la pregunta de qué ocurre con los inmigrantes que vengan ahora acogiéndose al arraigo –en principio también en situación legal- y con los que vienen confiando en nuevas regularizaciones y en situación irregular.
Pero lo peor es que la política migratoria no puede limitarse a no hacer nada y cada cierto tiempo regularizar a cientos de miles de inmigrantes como solución parcial. Y no puede ser que un asunto que afecta gravemente a las relaciones con nuestros socios europeos –receptores de una buena parte de los inmigrantes que entran por nuestras fronteras, se regularizan aquí, y luego se dirigen a otros destinos- se dirima única y exclusivamente en el ámbito doméstico. La nuestra es una sociedad abierta, y está bien que sea así. Y es una sociedad plural, y eso es mejor, si cabe. Y el pluralismo, como defiende Sartori, es un concepto elástico, pero hasta lo más elástico se rompe si se estira en demasía. Y el multiculturalismo, un concepto muy en boga entre la izquierda influida por Foucault, supone un forcejeo del pluralismo que puede llevar a su ruptura en la medida que se le opone frontalmente.
Es fundamental tener clara la idea de qué tipo de sociedad queremos, si una sociedad plural en la que la suma de muchos hacen uno, o una sociedad multicultural desmembrada en cada una de sus partes –y esto vale también para cuestiones internas-. Los políticos deben tener claro, por tanto, que tipo de inmigración es susceptible de integrarse y cual evita esa integración para formar subgrupos cerrados y homogéneos. Y a nadie se le oculta que los extranjeros más difíciles de integrar son los de religión islámica.
Para que la sociedad abierta y plural que queremos sea una realidad, es necesario que los nuevos ciudadanos asuman los valores que la hacen posible, es decir, la libertad e igualdad individuales y la soberanía popular, nuestras instituciones y la separación de poderes así como de religión y poder público. Como se ve, la inmigración es algo que trasciende la coyuntura política de un determinado momento. Debería ser un tema de Estado, y el Gobierno se mostrará muy ciego si no lo entiende así, porque las medidas que ha adoptado pueden empezar a causar problemas en un corto espacio de tiempo. No por nada, lo españoles empiezan a situar la inmigración entre los principales problemas que les afectan, y sino, ahí está el CIS.
Federico Quevedo
Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | INMIGRACION | Comentarios (1) | Referencias (0)
Mucho bla, bla,bla con los inmigrantes; pero nadie se atreve a afrontar el problema dándole una solución imaginativa, innovadora y valiente. Ya lo proponemos en nuestro boletín oficial de los valientes y será una ley cojonuda para todos.
El que quiera verla que vaya a www.partidodelosvalientes.com/BoeV/minejerysc01.htm
Un Valiente | 17-03-2006 18:52:15
La Trinchera pretende ser un espacio de libertad para todo el que comparta una visión humanista y liberal de nuestra sociedad, desde el respeto a todas las formas de pensamiento que no pretendan convencer a través de la imposición
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