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Jueves, 03 de febrero de 2005

DOS PALABRAS

A ZETAPÉ LE PONE MÁS LA ESCENA DE SOFÁ CON IBARRETXE
QUE LLEGAR A ACUERDOS DE ESTADO CON MARIANO RAJOY


Dicen ‘Los del Río’ que ellos van a votar “sí” a la Constitución Europea porque, aunque no se la han leído, eso es lo que va a votar la gente corriente y ellos son gente corriente. Se me han puesto los pelos de punta, porque este es el cariz de la campaña institucional. Andaba yo en la duda de si abstenerme o votar “no”, porque me daba cierto escozor votar lo mismo que Llamazares y Carod Rovira, pero después de esto, y tras una lectura en serio de una Constitución que no dice absolutamente nada y que a los españoles nos pone mirando para La Meca, tengo claro mi voto negativo, pero esto será tema a tratar más adelante y ya expondré mis razones.

Lo de ‘Los del Río’, estos chicos que le dieron alegría al cuerpo de Macarena, me preocupa porque supone un exponente de la clase de país que tenemos, que hace las cosas en plan rebaño corderil. Así, claro, no es de extrañar que en un país en el que no hay principios, ni valores, ni idea común de Nación, vengan Ibarretxe y Batasuna –o sea, ETA- a, un cuarto de siglo después, alterarnos el orden constitucional y el modelo territorial y de Estado, con la venia de Zetapé por más que ayer le dijera al lehendakari que de su plan nones.

En Gran Bretaña, todos los 5 de noviembre celebran el Día de Guy Fawkes con una excursión de los señores diputados con antorchas a los bajos del Parlamento para ver si encuentran dinamita. Obviamente, nunca hay, pero así recuerdan la famosa ‘Conspiración de la Pólvora’, aquel 5 de noviembre de 1606 en que el noble católico citado quiso volar el Parlamento con el rey Jacobo I dentro. No lo consiguió, pero desde entonces ese día sirve a los británicos para ser un poco más conscientes de la fragilidad de las instituciones y, sobre todo, de los seres humanos que las regentan.

Zetapé, me dicen, ha llegado a un punto en el que se cree que él lo puede solucionar todo, como en aquellos tiempos en que después de dar clase se reunía con sus amigos en un bar de León para arreglar el mundo al aroma de una taza de café. Pero esto no es una tertulia, ni se gobierna en plan comandita. El envite de Ibarretxe es muy serio y exige posiciones serenas y contundentes, no sonrisitas y manitas en el sofá. Pero tengo para mí que a Zetapé le hace más feliz sentarse a dialogar con el lehendakari sobre lo que les separa que hacerlo con Mariano Rajoy de lo que les une.

La amenaza a las instituciones está ahí, y las instituciones son frágiles, y no digamos nada de quienes las representan. La fragilidad es un componente esencial de la naturaleza humana, por eso salvo unos cuantos héroes y santos que se cuentan con los dedos de las manos, siempre hemos necesitado hacer las cosas juntos, apoyándonos unos a otros. “El reto actual consiste en admitir que somos como somos, en empeñarnos en mejorar cada día y en levantar el país a base de trabajo, capacidad autocrítica y espíritu de sacrificio. Hemos de saber encerrarnos en esta identidad definitoria para plantar sólidamente las raíces del gran pueblo que todos juntos podemos ser”. Estas palabras las dijo, hace un cuarto de siglo, Adolfo Suárez el día de su investidura, y siguen teniendo plena validez.

Hace casi tres décadas el espíritu de consenso dio el fruto de una Constitución que nos ha permitido, con aciertos y errores, convivir todo este tiempo y hacerlo en paz y libertad. “Fue una solución excepcional para un momento igualmente excepcional de nuestra evolución política, una prueba de la madurez y responsabilidad de los partidos políticos a la hora de defender los verdaderos intereses del pueblo y del Estado”, dijo entonces Adolfo Suárez. Sin embargo, ya en aquella circunstancia se cometió el error de practicar el ejercicio de cesión y debilidad que ha permitido al nacionalismo vasco engordar hasta el punto de atreverse a amenazar al Estado con su desestructuración.

Para mí que a Zetapé parece tentarle más un parlamento como el de Weimar, pletórico de demagógicos debates que no iban a ningún sitio y que culminaban en una permanente amenaza al Reichstag porque no había una idea común de nación. Aquello acabó como acabó, producto de una enorme inestabilidad política. Alemania aprendió la lección y optó por un parlamento, el de Bonn, en el que el respeto a las reglas del juego ha permitido desde entonces la existencia de la República Federal. El respeto a la ley, a las reglas del juego político democrático, es la única garantía de que se pueda continuar la labor iniciada con la Constitución del 78. Claro que también nos puede dar lo mismo.

No sé lo que de verdad hablaron el presidente e Ibarretxe en el tiempo, largo, que duró ese encuentro que nunca debió producirse, porque nadie con dos dedos de frente se reúne con quién quiere darle la puñalada por la espalda para negociar cuando se la da. Pero sospecho que en su afán de arreglarlo todo a la manera del talante le habrá dado la oportunidad al lehendakari de ser él quién rechace la oferta de acercamiento que significa ese paso intermedio que es el ‘Plan López’. Es decir, Ibarretxe tiene la iniciativa por cortesía de Zetapé, a quién se encargó de recordarle las enormes similitudes entre lo que se propone Ajuria Enea y los planes de la Generalitat de Cataluña. Tanto tiempo para ese encuentro alimenta mis dudas sobre las verdaderas intenciones del inquilino de La Moncloa.

El presidente puede ceder a la tentación de enfrentarse solo a este problema y creer que con sonrisas lo va a rreglar. Tengo serias dudas de que Zetapé tenga la firmeza de acudir al artículo 155 de la Constitución si, como amenaza, Ibarretxe convoca el referendum. Hoy, sin embargo, tiene una oportunidad de reeditar el consenso constitucional que tan buenos resultados nos ha dado durante todo este tiempo, porque se lo va a ofrecer Rajoy en La Moncloa. Zetapé se empeña en comparar las cuatro veces que él ha recibido al líder del PP en nueve meses con los dos o tres encuentros que tuvo él con Aznar en cuatro años. Cierto, pero lo que importa del diálogo son los frutos, y de aquella legislatura hay dos pactos fundamentales para la estabilidad política, el Antiterrorista y el de la Justicia. Por ahora, Zetapé no puede presumir de haber llegado a ningún acuerdo con Rajoy. Y no será porque el del PP no se los ha ofrecido.

Federico Quevedo

Por: FEDERICO QUEVEDO LOPEZ-VARELA | POLITICA | Comentarios (0) | Referencias (0)

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